sábado, 5 de septiembre de 2015

Los olvidos


La coordinación de la carrera de Diseño Gráfico tuvo a bien considerarme para cubrir el permiso por incapacidad (embarazo es el caso concreto… es que eso de incapacidad suena feo) de una profesora que imparte en tercer semestre la materia Historia del Arte, un ámbito del que poco conozco más allá de algunas generalizaciones que como tales están plagadas de clichés. Me hallé pues en tremendo dilema con eso de entrarle a temas como el Renacimiento y el Rococó y todos esos asuntos importantes para el llamado arte universal (asuntos en los cuales, dadas mis propias –le llamaré elegantemente– estrategias didácticas, hube postergado). Para acolchonar las primeras sesiones, apliqué el famoso paquidermismo (el arte de conducir todo tema, por más ajeno que te sea, a tu terreno conocido) y empecé las sesiones con dos tópicos que me parecieron relevantes siguiendo esta lógica: si la asignatura se llama Historia del Arte, convendría desentrañar los componentes de esa oración preguntándonos ¿qué es Arte? y ¿qué es Historia? Eso me daría tiempo para enterarme por mi cuenta de qué es eso de la Edad Media y el Gótico y el Barroco y… y poder transmitirlo. O intentar transmitirlo. Para el apartado del Arte discutimos en una intensa pero ordenada sesión sobre las diferencias entre arte y artesanía, donde se despertaron las pasiones por (por un lado) la defensa del arte libre (el que subvierte, el que sublima, el que rompe cánones) y el arte institucionalizado (el que debe conocer lineamientos, el que respeta el orden, el que educa a los ignorantes, el que se capitaliza). Eso nos situó (a todus, incluyéndome claro) en las subjetividades en torno a la producción artística pero nos generó dudas respecto a la técnica. ¿Trascienden los que trascienden por sus redes y capital social o realmente son maestros innovadores que –sean rebeldes, sean alineados– capturan, presentan y representan la multidimensionalidad de la existencia en una materialidad plástica-lírica-musical con capacidad de ser abstraída? Pensé en Bourdieu y sus debates sociológicos sobre quién crea a los creadores y sobre el sentido social del gusto (buen gusto, gusto popular). Pero me dije basta de paquidermear. Y pasamos entonces (en sesión siguiente) al tema de la Historia. Nuestro punto de partida fue preguntarnos ¿qué es un hecho histórico?, con la idea de cuestionar (siempre cuestionar) aquello que se nos presenta como verdadero y trascendental. ¿Quién entra en la Historia? ¿Quiénes quedan fuera?. Sin cruzarlo aún con la cuestión artística, nos abocamos a analizar el trabajo del historiador y [lo expreso con entera honestidad] el nivel de argumentación lo encontré muy satisfactorio pues para que ello ocurriera antes los alumnos hubieron indagado sobre algunas características y definiciones. O sea: llegaron preparados para el tema anunciado. Situamos al historiador, para empezar, como un individuo que selecciona (y por ende discrimina), ordena, analiza, interpreta y presenta información, datos, construyendo así (en su ejercicio) hechos que hemos de clasificar como históricos; y ejemplificamos esto de la interpretación (sin demasiada hermenéutica) con la historia de México, la heroica y la vergonzante. Se me ocurrió (es decir: lo llevaba totalmente calculado, ajá) pedirles una tarea donde ellxs ejemplificaran los ejes concretos en los que se “manifiesta” la Historia: memoria (colectiva), identidad, patrimonio, imaginarios y [aquí es donde deslizo la subversión] los olvidos. Y el resultado (para la sesión siguiente) fue aún más político (en su sentido amplio) de lo que esperaba. Según sus indagaciones, tenemos entre nuestros olvidos momentos tanto de la historia pasada como de la contemporánea: olvidamos a la campaña anti-china [racista y de exterminio] impulsada por el gobierno mexicano a principios del siglo pasado, a la Primera Guerra Mundial (donde no sabemos quién peleó con/contra quién), a los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa (porque el control mediático juega un papel central), al ‘Halconazo’ (la otra masacre a estudiantes, la del ’71), a Luis Donaldo Colosio Murrieta (una historia, además, tan cercana en tiempo-espacio). Coherentes sus ejemplos con su edad, coherentes con los mecanismos y dispositivos dominantes (donde unos pocos poseen/controlan los medios de producción de sentido, de verdades, de memorias). Con decir que ¡muchos no saben del EZLN! Pero sería insensato quererlo explicar con una enajenación o ausencia de pensamiento colectivo dada su juventud, sin ampliar la mirada y reconocer el triunfo de un sistema cuya estructura está diseñada para –eficazmente– olvidar, desarticular, desmovilizar, individualizar… y para (con ello) conservar las asimetrías, ergo los privilegios. Era un reto, claro, ubicar los olvidos pues justo “los datos se encuentran dentro de límites controlables”, como les expuse citando a Carr. Esta semana, después de tanto surfeo académico por mi parte, ya no pude evadir los contenidos temáticos de la asignatura y vimos [por fin, tras sacar unas biblias de la biblioteca] el arte en la Edad Media, el Renacimiento, Manierismo, Barroco, Neoclásico y Rococó, donde [obviamente] me di vuelo con el teocentrismo de las primeras corrientes y la aristocracia de las últimas, con la intención de fomentar el pensamiento crítico porque (tan romántico o ingenuo como suene) creo que a eso se debe abocar la universidad y todo espacio educativo. Pero también solicité diseñaran un menú con los elementos (texturas, composición, temáticas, colores…) representativos del rococó francés, porque [bueno] no sólo serán diseñadores gráficos sino que el sistema educativo exige vincular todo conocimiento a lo productivo. You know: el siempre clásico enfoque utilitario del modelo captalista. Ya  valoraré en esta semana su comprensión esteta... o algo así. Lo otro, lo contextualpolíticocríticoreflexivo que acompaña cada corriente, no lo puedo valorar numéricamente. Solo puedo decir que esta clase y esxs alumnxs crecen en el apartado combativo que guarda mi corazón.