domingo, 23 de agosto de 2009

ella y yo

Ella así me gusta y me inquieta. Tiene esa dicotomía. Somos seres de rutina, después de siete años, aunque de rutinas no comunes. Todos los días se levanta primero que yo, pone música generalmente cantada por mujeres, se desnuda, camina un rato así por la casa. Luego se mete a la regadera y cuando está por salir me grita para que yo la alcance y me moje un rato con ella, aunque no deja que la toque, dice que la ensucio porque a penas voy a enjabonarme. Todos los días la acompaño al autobús y todos los días se despide con un beso de piquito. Al regreso de la escuela y el trabajo, cocinamos alimentos muy sanos, porque una vez ella salió alta del colesterol y la dieta -por solidaridad o imposición- la realizamos compartida. Después de comer, ella escribe y yo me voy a leer un rato noticias del sur del país, porque acá en el norte llega muy poca información de esa zona. Mientras leo, como a la hora de estar en habitaciones separadas, escucho que ella canta, y no canta quedito ni mucho menos tararea, nada de eso: ella canta fuerte, apasionada, imitando a las artistas esas chicanas que le gustan tanto. A veces la espío, me asomo por la puerta del cuarto despacito y la veo que baila, y lo hace con la misma intensidad o más que con la que canta. No son pasos comunes los de ella, no, son evocaciones al cultivo, a la lluvia, a las estrellas, al erotismo y a luna, que dice que es su novia. En ocasiones me descubre observándola y es entonces cuando baila para mí. Yo no la acompaño porque casi no sé bailar, bueno, sí sé, pero prefiero quedarme mirándola. Tenemos diario nuestra tertulia, hablamos de temas serios, con opiniones fuertes que no siempre coinciden. Pero nunca he podido hablar de los indígenas con ella porque ella llora. Así estemos en la casa o en la calle, o en nuestro bar favorito. Ella llora cuando recordamos las manifestaciones de los campesinos, la vez que se plantaron desnudos en la capital del país, con sus cuerpos viejos, duros, morenos, lampiños, exponiéndolo todo. Una maestra le dijo que ésa es la forma que puede tomar una protesta cuando ya no hay nada qué perder, cuando ya no hay ni dignidad que se defienda. Y cuando ella llora, también llora mucho. Debe ser porque todo el día tomamos agua y toda la noche cerveza. Si ella llora yo me enojo y eso hace que ella llore más. Y de veras que no es mi intención, al contrario, quiero confortarla. Lo que pasa es que me frustra verla triste por temas que no tienen que ver conmigo, por cosas que no podré nunca resolver. A veces llora cuando se acuerda de sus padres, o de su gato, y a veces llora cuando escribe. Pero otra cosa que también hace mucho es reír. No al mismo tiempo. Ella ríe cuando pasan cosas absurdas, cuando otros están serios o hacen dramas. Ríe también con sus hermanos y en veces ríe de ellos. Su risa ha llegado a ser tanta que hasta me ha dicho -entre carcajadas- que su tumba deberá decir “murió de risa”. Ella es chiquita. Es bajita de estatura y breve de cuerpo, además ha estado comiendo menos últimamente. Dice que no le da hambre y sí le creo. No imagino desórdenes alimenticios ni nada de eso en ella porque ella es muy inteligente. No se haría daño. Además sí desayuna bien. Yo le preparo todas las mañanas un licuado de plátano con chocolate y -dependiendo si sobró algún guiso del día anterior- nos hacemos burritos. Me gusta mucho cómo se viste. Desde hace un año usa faldas porque así se lo sugirió una doctora que además promueve la feminidad en sus pacientes. Ahora tiene muchos vestidos con holanes y se los pone con botas vaqueras o sandalias. Sus pies también son chiquitos. Tiene ella una historia muy extraña, como sacada de una telenovela de esas malas plagadas de exageraciones. Pero no se atormenta de eso, nada más de los muertos y ni siempre, sólo en sus aniversarios. Antes le llevábamos música a los muertos. Íbamos al panteón con una grabadora portátil y recorríamos los andadores con canciones alegres. Hace mucho que no hacemos eso. El futuro no le mortifica, eso a mí tampoco. Ella dice que vive el presente porque después se le olvida. Y vaya que lo vive. Y vaya que se le olvida. Seguro es porque tiene muchas ideas, unas muy inútiles, si me preguntan. Esas de angustias laborales o de anticiparse a un regaño, me parece que no tienen sentido. Ella dice que la paranoia le sirve para ir un paso delante de los demás, que si le pregunta algo su profesor o su jefe siempre es mejor tener algunas respuestas listas. Y cuando cree que la van a sermonear tiene la filosofía de negarlo todo o de fingir demencia. Me explica que no tiene caso, que su lucha es en otra parte. Por eso argumenta con muy poquitos. Sólo cuando la hartan. Supongo que mis amigos la han hartado porque en algún momento con todos ha peleado. Aún así nos siguen invitando a sus casas. Creo que nos quieren mucho. Al parecer somos peculiares. Aunque a mí los peculiares me parecen ellos, pero dice ella que eso es perspectivismo. Yo la amo. En verdad, desde hace mucho. A veces me desespera, es cierto. Y es que a veces no la entiendo. He de ser más simple. Ella dice que no, pero al lado de ella seguro que lo soy. Ella también me ama. Algunos amigos preguntan que cuándo nos casaremos. Siempre les respondemos que eso es un trámite del sistema, un falso tradicionalismo, un “privilegio” excluyente, porque en este país los gays no pueden casarse. Eso sin contar que es un pretexto más para tirar dinero. Así estamos bien. Esto de compartir el espacio y la vida ha funcionado. Ahora somos seres de rutina y -no sé si ya lo dije- nuestras rutinas no son comunes.

4 comentarios:

Left Handed Monkey dijo...

he ido tratando de entender porque siempre dejas algo oculto... allá a lo lejos... aunque mi falta de lo que sea que sea no me ha permitido prestarle toda la atencion a tu blog.... al principio pense que eras del genero masculino, despues que eras del genero femenino, despues del genero femenino que comparte su vida con alguien del genero masculino y despues... del genero femenino que comparte su vida con alguien del genero femenino... voy bien? Saludos :)

mala coneja dijo...

mi mariachi (o mi hombre, como tu lo escribes) no es una persona sensible, que le guste decir lo asombrosa que es la vida conmigo -por que debe serla, no? jejeje- pero despues de leer esto solo pudo decirme: sabes que te amo?
creo que tu hombre describe de una manera sabrosa el por qué desidimos vivir con alguien.
ah que lindo.
saludos!!!!

Entre Dientes y un Do Mayor. dijo...

My friend, no conocia esta parte de ti; me gusta. Notese el spanglish, digo, pa' que no muera la carrilla.

Saludos!

Chica garabato dijo...

Qué hermosa entrada...

Al leer las primeras líneas pensé que se trataba de tu convivencia contigo misma, pero ahora no estoy tan segura.

Saludos.