sábado, 13 de noviembre de 2010

fracturada

A la entrada de la cantina se puede ver llegar a la vieja, azotando la puerta como si el lugar le perteneciera, como si la zona fuera suya. ¡Mis amores! El grito infalible cuando encuentra un conocido, cualquiera de los borrachos que ahí acuden y con los que puede terminar peleada, después de talonearles, sin duda. Folklóricos borrachos que la consideran el folklor de la plaza. Universitarios, psicólogos o literatos, o intenciones de maestrías antropológicas, comparten (e invaden) el espacio de obreros (libres o esclavos de la maquila), transexuales cultores de belleza, payasos de un solo acto, músicos camioneros, putas retiradas, reporteros sin ánimos de fama, políticos de la coperacha, funcionarios sin poder, amantes de la decadencia y quizá algún terrorista arrepentido y extranjero. La presentación: un poema a gritos. La vieja intercambia su sabiduría por cerveza, o por dinero que sólo pide a quienes ya la abrazan. Desde Nefertiti hasta Sor Juana, pasando por versículos del Viejo Testamento y Horacio Quiroga. De todo puede opinar, inventa versos, lee almas y regala augurios. Nunca miente.

Eso es en la cantina, donde ríe, donde es la reina y se contonea pandeada por la gordura de la juventud que ahora le cuelga con el estómago vacío. Lejanas eras de abundancia. En su casa el tiempo pasa lento. A veces los días le pesan más, las tristezas, las andanzas. A veces no hay ni la voluntad de ponerse en pie. Pareciera que ningún pensamiento alentador la acompaña. Ya son muchos los años solos, años pobres, viejos y embriagados. Años con ocasionales paréntesis para un festín, a cuenta de un proveedor de alimentos y tepaches caseros, o de las bondades de la naturaleza que se aferran a no morir frente al concreto: un minúsculo huerto con hierbabuena, epazote y tomatillos, o las palomas víctimas de su ingenuidad.

Así una, insospechada presa, le alimentó el espíritu. El ave entró, torpe como es, a la cantina. Escarbó un huequito en el techo podrido que le condujo en caída libre hacia la fuente; inservible y entelarañada fuente que no cumple deseos. La vieja la recogió sin que pudiera defenderse. Temerosa, acaso ilusa, la paloma se convirtió en amiga. En los senos agrietados y secos, deshidratados como ciruelas-pasas, le brindó resguardo, tibio para su breve cuerpo. La vieja esa noche presentó en cada mesa conocida a su compañera, mientras ésta asomaba por el escote su cara simple. Narró la hazaña de su rescate. La pendeja se cayó y se lastimó un ala. Me la voy a llevar para curarla. Una parada en otro bar para completar el taloneo, una escala en el mercado para alimentar a la huésped y rumbo a la casa.

Madre de hijos arrebatados por su ebriedad, prohibidos por la locura, la vieja cuidó a la paloma dos días y dos noches, con la devoción que sólo conocen las recién paridas. En sus horas de enfermera le hablaba, le cantaba aguardentosa boleros de Antonio Machín que aprendió cuando joven en Poza Rica; aquella época en que le recriminaban ser mulata junto a tres hermosas y rubias hermanas afrancesadas. La mañana que vio al animalito recuperado, o al menos con mejor semblante, acudió al huerto por la cosecha. De andar pesado y bamboleante, como un barco necio que se mece anclado, tomó el pájaro de entre los periódicos y acariciándolo lo llevó hasta el patio. Clac, tronó el cogote. Por mechones le dejó sin plumas y minutos después sin vísceras. La vieja sólo conservó corazón e hígado, aún calientes al acabar el desmembramiento. Era día de fiesta frente al mejor caldo de sus días. O tal vez no, mas así lo recordaría su memoria fragmentada y hambrienta. Carnosos muslos y pechugas, aunque lo más sabroso fue chupar el diminuto pescuezo, fracturado como ella.

martes, 2 de noviembre de 2010

miércoles, 20 de octubre de 2010

murales

No he podido tomarle fotos a todos los murales de la Revu porque algunos sólo se pueden apreciar en las puertas de los locales, cuando éstos están cerrados, lo que implicaría ir muy temprano o a las siete de la tarde, hora de las cheves... Pero ya lo lograré. Por lo pronto, aquí unos nuevos y otros que ya había compartido pero desde diferentes ángulos.

domingo, 10 de octubre de 2010

Diálogo sin pasto

Turquesa: ¡que muera el mal gobierno!
Obsidiana: a huevo mi insurgente amiga.
Turquesa: ¿qué dice la vida?
Obsidiana: pos acá tranquis ¿a ti cómo te va?
Turquesa: bien, aquí lidiando con los lastres de la abuela, la tradición oral y la magia secreta que se guarda en mis venas, ya te he contado ¿o no?
Obsidiana: recuérdame...
Turquesa: puras locuras, verás, tengo deberes en las tardes: cruzo, hablo, escucho y curo... pura tradición oral de la abuela.
Obsidiana: ¿curas almas perturbadas?
Turquesa: almas, cuerpos y seres suspendidos.
Obsidiana: ¡qué chingón!
Turquesa: así que un día que te sientas muy malvibrosa le puedes caer.
Obsidiana: Gracias pero lo que impera en mí estos días es un valemadrismo sin igual, un desenfado-hedonismo, ya sabes...
Turquesa: sí, el otro día hablábamos sobre eso. Todos tenemos nuestro momento y a todos se nos llega la hora.
Obsidiana: ¿la hora del valemadrismo o la hora del alma en pena?
Turquesa: no, la del valemadrismo, el alma en pena se posterga.
Obsidiana: pero igual es pasajera ¿no? hay que dimensionar, supongo.
Turquesa: cuando uno se dimensiona vale madre, el concepto de dimensión es más bien como a la mitad de la nada y tú no estás a la mitad de la nada... estás definida en el desenfado/hedonista.
Obsidiana: luego confundo esto de dimensionar con la simple comparación, compararse con otros más desgraciados para concluir que uno no está tan jodido, pero es jodido pensar así.
Turquesa: así es, así que no estás dimensionada, estás rodeada de hedonismo que en algún momento pasará.
Obsidiana: pero es que yo ya no me pregunto “¿cuál es mi objetivo en esta vida?”, sino que asumo que es “ser feliz” ¿egoísta?
Turquesa: [risas] realista.
Obsidiana: no me laten las lamentaciones, prefiero que sean más efímeras que el placer.
Turquesa: siempre los placeres son, en ese intento de efímeros, más prolongados que las lamentaciones, sin embargo hay gente que goza sufriendo.
Obsidiana: interesante, a mí sólo me pasa cuando me tatúo, algo bien terrenal: confundo el dolor con el placer.
Turquesa: verdad que sí, el dolor de un tatuaje es camaleón y trasmuta en función de todo aquello que le regales a ese manifiesto dolor.
Obsidiana: es dolor físico y por eso creo que he evolucionado en mi relación con él, pero el dolor de alma, espiritual, existencial no me ha poseído... aún.
Turquesa: ahí está el punto: poseer, no le has permitido.
Obsidiana: no, creo que también tiene que ver que no he vivido penas que considere grandes, vivo en la negación de lo negativo.
Turquesa: [risas] y cuenta: ¿dónde estás ahora? ¿en casa o en el jale?
Obsidiana: pues en casa siempre, ya ves que jale no tengo, soy perpetua vacacionista y ocasional freelancera.
Turquesa: no manches, no sabía que estabas de vacaciones.
Obsidiana: pues desde mayo soy vacacionista, nadie quiere reporteras subversivas sin recomendaciones a base de nepotismo.
Turquesa: qué loco, los espacios de trabajo cada día se parecen más a conspiraciones del clero.
Obsidiana: de acuerdo totalmente, es una onda bien controlada, es una mafia.
Turquesa: es algo horrible, la verdad yo desde que fui expulsada del municipio no he podido colocarme.
Obsidiana: y ¿cómo subsistes?
Turquesa: comiendo de los que derrochan doble moral.
Obsidiana: no hay de otra.
Turquesa: la neta, por eso cada día me engrano más en esto, en las ondas de la tradición oral y demás.
Obsidiana: que chingón.
Turquesa: es bello, creces, ves crecer y todos felices.
Obsidiana: me imagino.
Turquesa: neta que Rulfo tenía razón cuando habla del paralelismo entre los vivos y los muertos.
Obsidiana: ya sé, pero ahora ¿no crees que hay mucho zombi? muertos vivientes que no saben ni porqué.
Turquesa: [risas]
Obsidiana: abundan, nos rodean ¡nos invaden!
Turquesa: sí pero a esos que los entienda el sistema, o sólo que sean resultado del mismo.
Obsidiana: culeros.
Turquesa: sí, muy culeros.

martes, 28 de septiembre de 2010

referentes culturales

- ¿Cómo te llamas?
- Melina.
- Ah, como la luchadora.
- Ándale, como la luchadora social Melina Mercouri.
- ¿Quién?
- Melina Mercouri, la actriz griega.
- No, yo me refiero a la luchadora de la WWE, de la lucha libre gringa ¡Melina!
- Oh… no la conozco.
- A mi esposo le encanta.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

de este lado


Así se ve el otro lado (Estados Unidos) de este lado.

Y sin olvidar a Anastasio Hernández, asesinado por la patrulla fronteriza [golpeado hasta morir por los custodios del bordo, como tantos otros], ni a los cazados por los minute man [sí, a balazos como venados en la pradera], ni a los miles de muertos por deshidratación, insolación, inanición o hipotermia, ni a los ahogados en su intento por cruzar la frontera; sin olvidar los abusos que todavía tienen que sufrir en el otro lado los que lograron llegar, ya sabemos que de este lado a los migrantes les va peor.

lunes, 16 de agosto de 2010

Calaverita de azúcar IV y V

Mis dos más recientes creaciones: la primera se llama Rosa y la segunda, la fumadora, es Catalina.


ya estoy delirando, lo sé... pero éstas son las últimas anacrónicas ¿o no? [guardaré mis catrinas para el Día de Muertos]

sábado, 14 de agosto de 2010

miércoles, 4 de agosto de 2010

Un burro lidiando con otro


A penas lo soltaron para levantar el puesto turístico [de la clásica foto con el clásico burro-cebra en la clásica avenida Revolución] y la estrella se echó al suelo... El “fotógrafo” dialogaba con el híbrido animalejo, lo veía amenazante, le pedía ¡por favor! y nada, aquel se regodeaba en el piso, se burlaba de él, descasaba [sin más]. Y cómo no, después de tan larga jornada de pie (de patas, pues), bajo el sol, con sed, con hambre, cagando en público. Unos chicotazos en el trasero no ayudaron, unos jaloneos del burro mayor al joven tampoco, al final unas patadas en el lomo hicieron la labor. ¡Pinche burro! pensaban ambos.


[A esos que se manifiestan contra las corridas de toros, ahí les encargo a los burritos de la Revu ¿no? Mucho folklor, mucha tradición, mucho atractivo turístico pero también mucha crueldad y mucha explotación. Yo no los defiendo porque sí como carne y no dudo que ya hasta me haya chingado alguna machaquita de burro sin saberlo, usté disculpe].

Calaverita de azúcar II

ésta se llama Frida y los colores socialistas no son casualidad (llámenla anacrónica, si quieren, al fin que a ella le vale)