miércoles, 8 de julio de 2015

La ‘obligatoriedad’ de salir del clóset


Esto de que se esté visibilizando hasta un punto mercantilista (claro, como todo en la vida) la homosexualidad y su marco “legal” (que no es que antes fuera precisamente ilegal, pero sí socialmente sancionado e institucionalmente excluido, homofobia que le llaman… régimen heteropatriarcal) pone en entredicho a lxs closeterxs. Verán: quienes viven en “el clóset” muchas veces (motivos hay infinidad, sin duda) se han escudado en una idea de “lo prohibido”, tomando como camino único para la relación amorosa el ocultamiento. Es decir: han evitado ‘confrontar’ a la sociedad con su identidad sexual, manteniendo en un lugar que a algunxs nos parece indigno a su pareja, a quien excluyen de su vida social, familiar, pública, visible… o al menos le excluyen en la semántica (pareja, novio, novia, relación) y presentan solo como “mi amigx”. El pretexto perfecto para no asumir ser quien se es ha sido (y no es que esto acabe a partir de las legislaciones) que se trata de un asunto que incomoda, de un tabú, que ser homosexual está en el bloque de los caminos indeseables para lxs hijxs, que la sociedad estigmatiza, que la ignorancia nos vulnera. Eso ha permitido mantener cómodamente a las relaciones al margen de la visibilidad y, al mismo tiempo, en un grado de compromiso ‘menor’ debido a las circunstancias (“no nos podemos casar”). Sin embargo, que ahora no haya limitaciones institucionales para formalizar las relaciones hasta un nivel de construir matrimonios y familias pone en una encrucijada a lxs closeterxs porque se han acabado “las restricciones desde afuera” (al menos éstas, las del Estado) quedando solo las restricciones desde adentro: el temor de asumir. Se han quedado sin discurso, teniendo que recurrir a discursos otros para nombrar lo que en realidad les frena: el temor a la sanción social-moral. No pretendo yo aquí aminorar el temor (no me atrevería a llamarle cobardía tampoco), pues realmente vivimos en una sociedad violenta-ignorante-fanática-discriminatoria, donde renunciar al proyecto heteronormativo tanto puede ocasionar decepción familiar como puede conducir a exclusión del modelo-sistema. Y nadie queremos eso, right? La cosa que observo es, pues, lo que ya mencioné: que la visibilización actual de lo queer conflictúa a quienes (por diversas razones que no me atrevo a cuestionar) han optado por el clóset. Y no es que haya una obligatoriedad por visibilizarse (cada quien, de ahí la comilla en el título), no es que nos tengamos que enterar de quién hace qué con su cuerpo o con su corazón, el punto sería acordar espacios y enunciaciones, porque si solo una de las dos partes en una relación decide por el ocultamiento pese al dolor de la otra parte, bueno, me parece que lejos de construir relaciones igualitarias se está imponiendo (y reproduciendo) en lo íntimo-público-privado-social un esquema asimétrico basado (como tantas cosas en esta vida) en el poder (biopoder-biopolítica, que le llaman).