domingo, 17 de mayo de 2015

Día del maestro y de la maestra

Es la primera vez que estás incluida en el festejo familiar del Día del Maestro, no porque antes no te invitaran sino porque es la primera vez que eres una más de las personas festejadas: debutaste en las aulas en agosto pasado, días antes de presentar tu examen de grado como Maestra en Estudios Culturales. Todos los años han celebrado a tu papá, profesor jubilado con trayectoria tanto a nivel de educación primaria como normalista. También a tus cuatro hermanos, quienes sin necesariamente asumirlo como el camino profesional que habría de continuarse por herencia intelectual, han estado frente a grupo desde hace muchos años, algunos –pese a su juventud– por más de veinte. Tú te estrenaste hace menos del año como profesora de asignatura en la universidad autónoma, con clases que dada tu formación académica son completamente teóricas, lo que se manifiesta en constantes luchas con los estudiantes quienes por aspirar a ser arquitectos y diseñadores hubieron creído eludir la lectura, el análisis, el pensamiento crítico articulado en ensayos, las complejas redacciones. Llegas a la casa de tus padres con tu novia, quien también es maestra, y su sobrina, nena de seis años que se te enrosca en exigencia de amor materno… amor que estás dispuesta a descubrir con ella. Como arribaron a la cita temprano, las tres se sientan en la sala bohemia de tus padres a ponerse al día con la vida y los debates. La casa luce tranquila, como de costumbre; es amplia, de un solo piso (aunque con sus desniveles) y alto techo de madera que en tiempos de lluvia captura la sonoridad de todas las gotas agrupadas. Muchos óleos, retratos a tu madre, obsequios de artistas, algunas esculturas que dejan ver la forma del árbol del que fueron creadas, varios ventanales por los que se asoman un par de aletargados perros orejones color sepia. Afuera, los encinos y una pila de cadáveres vinícolas: botellas bebidas en su totalidad, vestigios de tantas tertulias. Tu padre, con libro en mano, platica que ha pensado mucho en ti pues está leyendo el único material de Hannah Arendt que le faltaba: la educación como acontecimiento ético que ha de contemplar la natalidad, la narración y la hospitalidad. Enseguida vienen las loas a tu madre pues Hannah habla de la poética y la enseñanza, así que en el marco del Día del Maestro, los reconocimientos son además para ella porque ha dedicado su vida a la poesía, se ha compartido en ella y en los hijos. Tú solo has leído de Hannah ‘Sobre la violencia’, pero sabes de sus postulados acerca de la maldad y la obediencia así que comentas lo que conoces, con la modestia de quien desea aprender pero con la confianza de los diálogos históricos entablados con quienes te dieron la vida. Empiezan a llegar tus hermanas y sus familias y parejas. Los saludos y las felicitaciones son la antesala de los brindis porque esta fecha coincide con el cumpleaños del sobrino adolescente. Motivos sobran para celebrar. Tu mamá toma la palabra para reconocer a los profesores presentes y narrar el recorrido docente de tu padre ante la escucha atenta y el orgullo activo de todos en la mesa. Ambos, padre y madre, han luchado por espacios que hoy muchos gozan: espacios académicos-laborales en concreto, como la creación de algún sindicato universitario para proteger los derechos de los trabajadores de la “máxima casa de estudios”. Aprovechas para decirle a tu cuñado que el ex-rector, becario de cuando tu madre era administrativa en la universidad, le manda saludar ahora que sabe que tú y él van a emparentarse. Las horas transcurren entre tostadas de ceviche, alguna cerveza, los planes de la boda de tu hermana -en edad la más cercana- y el doctor matemático (un maestro más a la familia), proyectos deportivos y dietéticos para lucir sensacionales en dicha ocasión (tu novia y tú tendrán un papel estelar en la tan esperada boda), bromas, recuerdos, anécdotas, y juegos infantiles que consisten en coleccionar flores de distintos colores tomadas de las bugambilias laterales, con previo permiso y agradecimiento a las plantas del jardín. La tarde no podría ser mejor, el día… la vida en general. Faltaron dos de tus hermanos (y con ellos, sus familias) pero sabes que los encuentros futuros permitirán nuevos abrazos, nuevas charlas, nuevas risas, mismo y crecido amor. Dejas el puerto colmada de tranquilidad. Reiteras el origen de tu andar y el rumbo trazado. No te desaniman los estudiantes ociosos, que los hay, ni la torre de trabajos por revisar que espera en la casa que compartes con tu novia. Tal vez, como explican los estructuralistas, las biografías son justo la confirmación de una serie de disposiciones sociales que conducen a ser como se es. Tus amores, tus deseos, tus alegrías son la concreción de un prediseño social… que nunca programación. Eres quien eres porque vienes de donde vienes, y vienes de ahí porque ellos son como son. No pretendes entenderlo. Solo sabes que eres feliz.