sábado, 8 de noviembre de 2014

¿Que por qué sí es crimen de Estado?

Dejen les explico:

Cuando un Estado es incapaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado está coludido con grupos delictivos, tiene nexos con asesinos-secuestradores-extorsionadores, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado cuenta en su estructura con entidades y sujetos que violan derechos humanos y civiles, que violentan a la población, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado hace nada por encontrar a sus desaparecidos porque además los desaparece, es cómplice y es partícipe.

Cuando un Estado solo simula, exhibe chivos expiatorios y destina grandes presupuestos para crear comisiones que resolverán nada en beneficio de la ciudadanía, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado aplica "todo el peso de la ley" a los grupos más vulnerables, a los activistas, periodistas y estudiantes, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado solo da respuestas (aunque no sean tales) ante la presión social porque de otra manera guarda silencio, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado hace uso de los medios de comunicación masiva para persuadir, distraer y desviar la atención, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado no resuelve el asesinato sistemático que se comete contra mujeres, es cómplice y partícipe.

Cuando en un Estado no hay procuración de justicia, es cómplice y partícipe.

Cuando un Estado delega responsabilidades a segundos cargos porque el mandatario (el presidente del país) anda de gira internacional en uno de los momentos más críticos, es cómplice y partícipe.

Y cuando un Estado reúne todo lo anterior en una sola nación, en un solo sistema, no solo es cómplice y partícipe sino que es autor, autor de los crímenes. Por eso ES crimen de Estado.

‪#‎FueElEstado‬

lunes, 3 de noviembre de 2014

México en estado sitio: policía = terrorismo


Hoy, que es un día como cualquiera, -mientras un par de patrullas municipales nos rebasaban (ya saben: con todo su despliegue de urgencia en actitud de "muévanse, la ciudad nos pertenece") y otras tantas circulaban en convoy por el carril contrario en posición de ataque (exhibiendo esas tremendas armas que se instalan en el techo de la patrulla-pickup, custodiadas por hombres encapuchados)- llegué a la brillante conclusión de que el verdadero terrorismo son ellos, los y las policías (los y las militares). ¿Quién se siente seguro si se acerca una patrulla, si te pide que de orilles, si te pone las sirenas, si te sigue? ¿Quién siente alivio de ver o de pasar por un retén? Es decir: vivimos aterrorizados ante estas figuras empoderadas, violentas, de rostros ocultos y además armadas, porque sabemos que si quieren nos agreden, nos encierran, nos extorsionan, nos inculpan, nos despojan, nos matan. Encima de todo nos sabemos carentes de recursos para evitarlo, así conozcamos perfectamente nuestros derechos. ¿Cuál "patrullando por tu seguridad"? ¿Cuál "manteniendo el orden"? Todos somos vulnerables porque ante su mirada todos somos sospechosos. "Circulaba en actitud sospechosa", "caminaba en actitud sospechosa" son argumentos suficientes para cometer cualquier cantidad de atropellos. Te tenemos miedo: policía; y claro que vamos a dejar de actuar con naturalidad si nos acosas, si nos observas, si nos cuestionas, si nos tocas, si nos revisas, si nos violentas. Estamos sitiados. Así se vive en este país. Al menos así se vive en esta esquina.

Por la normalización de lo anormal


-Profe : ¿tiene novio, esposo...?
-Tengo novia.
-Ah.

-Maestra: ¿con quién va a ir a la posada?
-Con otra maestra de aquí.
-Ah, yo pensé que iría con su marido o con "la pareja ideal".
-Pues más o menos.
-O_o

Mi novia y yo justo pensábamos anoche que nosotras estamos por la normalización de lo "anormal" (lo gay-queer...) simplemente siendo visibles. Es decir: "tradicionalmente" lo gay se ha ocultado y nosotras, al no hacerlo, contribuimos a la construcción de un discurso (y una noción de la realidad) contra-hegemónica, que propone otras formas de ver-entender las relaciones sexo-amorosas. Y bueno, ello sin echar mano ni de exhibicionismos ni de un activismo-confrontativo de tipo "esto es lo correcto y el resto está mal". Pero luego resulta que el no-ocultamiento se toma (por las mentes conservadoras-censoras, claro) como un "restregarlo en la cara" y pues no, la cosa es más tranquila: el espacio, la ciudad, las prácticas, las manifestaciones de afecto, el amor en público, el amor en el discurso... no son privilegio de una identidad sexual por sobre otras. Y al normalizarlo pues irrumpe y se confunde con lo otro: "me estás imponiendo tu modo de vida". Y se trata justo de lo opuesto, se trata de un ejercicio incluyente de las libertades y los derechos, que (dado el estado de homofobia y el modelo heteronormativo) califica como una "resistencia" o, bien, "disidencia". Y, bueno, entonces lo asumimos como tal.

PD: A mí no me gusta hablar en le. Me causa gracia y cierta flojera eso de mi pareja, mi relación, mi cónyuge... Tengo novia, concubina, y no me pienso editar. Why should I? Why should anyone?

viernes, 17 de octubre de 2014

Solo porque somos personas

Estudiantes de México, principalmente de las universidades autónomas, convocaron a un paro en exigencia de respuesta por parte de las autoridades (del Estado mexicano) con relación a los 43 normalistas desaparecidos en Guerrero. Que desaparezcan a jóvenes estudiantes (que son hijos de alguien, son hermanos de alguien, son pareja de alguien...) no es cosa menor, y que esto ocurra en el sur no es motivo para desde el norte ser indiferentes. Esta iniciativa que desde la comunidad universitaria de la UNAM replicó en otros espacios escolares, en algunos casos apoyados por los propios docentes y directivos... poco ha impactado acá. De por sí hay una cosa llamada desmovilización que caracteriza al ciudadano bajacaliforniano, es decir, pocas causas unen las indignaciones, y bueno, hubo una muestra de ello desde la UABC, institución que ante el llamado nacional de indignación mandó un comunicado a sus estudiantes (la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, siendo precisos) para “aclarar” que en la universidad se dice NO al paro, dejando con esto una postura muy clara, alineada a un discurso oficial que busca minimizar e invisibilizar la violación de derechos humanos, los crímenes de Estado. Pregunté a estudiantes de Antropología qué está pasando en México. ¿Saben cuál fue la respuesta? “Pandemia”. Una vez más (no es novedoso) los medios de comunicación -como aparato reproductor de ficciones- son empleados por los intereses de un sistema para desviar la atención. Del Chupacabras al H1N1... y ahora el ébola. Temamos todos de las amenazas desconocidas y virales, no de que nos asesinen por alzar la voz en reclamo de justicia, de derechos. Les hablé a los estudiantes del tema México como Estado represor, Estado genocida, Estado feminicida y les aclaré que no se trata de una postura ideológica, sino que es cosa de revisar la historia (Tlatelolco, Halconazo, EZLN, Atenco, Ecatepec, Ciudad Juárez, Ayotzinapa...) y entonces les nombré algunos genocidios. Al final, claro, escuchamos a Gabino Palomares y les hablé de la canción de protesta como género musical (que marca también una época) y como recurso de lucha, de los activismos, para despertar conciencias, para narrar lo que las voces dominantes silencian, para [re]construir la historia desde la tradición oral, desde el testimonio, desde los sin-voz. Les mencioné también a Víctor Jara y Violeta Parra como ejemplos de este canto en América Latina. Les expliqué la importancia de la solidaridad y de las manifestaciones como actos simbólicos, actos de visibilización de inconformidades, de injusticias; hablé de la manipulación mediática para distraer y conducir nuestra visión del mundo; y de cómo -ante la frustración- la violencia es un recurso (como en Guerrero ahora y el Palacio de gobierno en llamas). Por algún lado se tiene que empezar y si las universidades (algunas de ellas) quieren estudiantes acríticos, aborregados, que no cuestionen, que no reclamen, temerosos y desmemoriados... bueno, muchxs maestrxs haremos la contraparte. No por sentirnos revolucionarios poseedores del discurso incendiario que siembra la semilla de la desobediencia y la subversión. No va por ahí la cosa. Haremos la contraparte solo porque somos personas.

calcetín

Llego al aula A32 con el grupo 505. Son las 8 con 5 minutos A.M. Estoy lista para dos horas de clase. Ahí me encuentro frente a 36 alumnos; de mis grupos, el más numeroso. Son aspirantes a ingenieros, apenas cursan su primer semestre y –como tal– aún no está definido su perfil profesional. Es que en esta Facultad se ofrecen como diez ingenierías y pues en la etapa denominada Tronco Común se les agrupa para que compartan nociones generales de ese campo. Ingeniería en Energías Renovables, Bioingeniería, Mecatrónica, Mecánica, Eléctrica, Electrónica, Aeroespacial, en Sistemas (computacionales, supongo), Civil e Industrial (éstas dos, por antiguas acaso, las menos populares). En esta ocasión vengo bien preparada, lista para que centren su atención en los contenidos de la clase sin distracciones. Ya en alguna otra sesión los distraje con mi blusa abierta. En fin: empiezo a acumular historias de poca heroicidad docente. Lo primero que hago este día, como cada sesión, es sacar de mi bolsa carga-libros unos folders manila donde traigo las listas de asistencia y algunos trabajos revisados que les voy a devolver. Me instalo en el escritorio en lo que los estudiantes se ubican en sus asientos. De pronto, una alumna hace notar la presencia de un calcetín. La prenda está en el suelo junto a mi escritorio. Es café con líneas punteadas amarillas que se intersectan formando rombos. La verdad, ese calcetín solitario se me hace conocido… pero estoy segura que mío no es. Bastante risueños, otros estudiantes comentan la extraña aparición. ¿De quién es? ¿Quién lo trajo? Y (aún más intrigante) ¿quién lo dejó? Es decir: ¿cómo alguien olvida un calcetín en la escuela? Restándole importancia al misterio (al menos en apariencia), imparto lo previsto para esa sesión. La asignatura (o “unidad de aprendizaje”, como le llama ahora el sistema educativo) se denomina Comunicación oral y escrita, de manera que estamos revisando estrategias para hablar en público y para manejo de audiencias difíciles. Ellos exponen y yo sigo pensando en ese calcetín, al que volteo a ver con disimulo de vez en vez. Parece limpio. O sea: no se le ve que haya llegado por arrastre. Culmina la clase. Me paro junto al mencionado hallazgo tratando de clarificar su identidad. ¿Nos hemos visto antes? Nuevamente la alumna que lo señaló al inicio me pregunta “¿pero de quién es? ¿qué hace aquí?” ante lo cual –como si en lugar de desconcierto me causara gracia– río y exclamo “¡qué cosa más rara!”. Reúno mis cosas y salgo del salón, archivando tal evento en un recóndito lugar de mi memoria, porque no es sino hasta una semana después que pregunto a mi novia: “oye, beibi, ¿tú no tienes unos calcetines cafés con líneas amarillitas como en rombo?”. Tremendo mi pasmo cuando la respuesta se precipita contundente y en singular: “¡Sí, ¿dónde está?! Lo ando buscando”. ¡Oh, mi Dior! Seguro estaba en mi bolsa carga-libros y al sacar los folders salió volando. Ahora bien, ¿cómo llegó a mi bolso? Bueno, tal vez ésa sea una incógnita con la que tendremos que vivir todos.

sábado, 4 de octubre de 2014

Soy maestra en una nueva ciudad

Pues lo logré: egresé de la maestría, que sin duda fue una cosa exhaustiva (no solo por lo que implicó en términos escolares sino por todo lo que ocurrió durante ese periodo: algún divorcio, alguna salida del clóset, alguna muerte, algún inicio de concubinato…). Así que ahora soy maestra porque alcancé dicho grado de escolaridad y porque además imparto clases. Trabajo en un plantel de la universidad autónoma que es nuevo y lejano. Hago una hora de trayecto (ida o vuelta) en transporte público y ello me ha permitido conocer y reconocer la ciudad donde vivo. Mi tesis tuvo tema urbano porque mi fascinación por la ciudad (ciudad como materialidad de prácticas y relaciones sociales, ubicación cualquiera) ha estado activada acaso desde niña (vivir en el DF creo que no fue poca cosa) y reafirmada con la vagancia y la nocturnidad de la vida “adulta” en esta frontera. Y veo que la otra orilla de Tijuana, la que no da al mar sino al desierto, construye (al menos en mí) una nueva idea de ciudad que lejos de ser estéticamente continua y monocromática, es polvorosa con cierto verdor, huele a estiércol y maquilas, a vientos de Santana, a reptiles, a carreteras maltrechas, a fraccionamientos in the middle of nowhere (pero con Oxxos), a presas naturales y montañas, a promesas gubernamentales de desarrollos sustentables… Es una ciudad caótica, con autobuses que desbordan los cuerpos de sus pasajeros por las ventanas, una ciudad con exigencias urbanas en entornos rurales, una ciudad emergente y urgente. El plantel donde imparto clases está junto a un fraccionamiento fantasma que poco a poco (por la cercanía con la universidad y la lejanía con todo lo demás) se empieza a poblar por estudiantes. Eso les permite cruzar parte del desierto a pie o en bicicleta para llegar a tomar sus clases y evitarse así las horas del trayecto (horas muertas) que implicaría llegar en auto o camión desde sus domicilios originales (de Tijuana, Tecate, Rosarito o La Misión). En ese plantel la universidad tiene dos facultades: uno de diseño-arquitectura-ingenierías, y otro de medicina-enfermería-odontología-psicología, y la matrícula es elevada. Los estudiantes, al estar confinados a un espacio inaccesible, llegan con mucho esfuerzo y llegan (todo aparenta) a aprender (¿romatizo?). Es decir: no hay más que hacer ahí, no hay en qué ni cómo perder el tiempo. Tengo siete grupos que en total suman poco más de 200 alumnos.
 
Presenté mi examen de grado el 28 de agosto. Fue un jueves. Pero había ya entrado a laborar desde el 18, así que no tuve (no he tenido) vacaciones. El día de la defensa de mi tesis vestí hermoso y solemne atuendo que mi novia me trajo del otro lado. Azul marino. Cabello en una cola. Acudió toda mi familia (excepto mi hermano mayor, que como ahora es director de una secundaria pues tuvo compromisos ineludibles), algunos amigos de la maestría y mi comité de tesis (director y lectores; bueno, mi lectora externa, Señora Eminencia en Sociología Urbana, se conectó desde la Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa, en el DF). Entraron también compañeros de otras maestrías, profesores y administrativos. Sala llena, vaya. El momento transcurrió extraño, es decir: llevé mi guion, mi presentación, mis tesis en libros y en CDs; pero no es como que tuviera la cosa demasiado ensayada y (aun ahora, sin el estrés del momento) recuerdo con irrealidad onírica aquella cita, “rito de paso” que le llaman. Dicen que fui coherente, una de mis hermanas comentó al final “¿de dónde te salieron tantas palabras?” y una compañera me calificó de “rifada”. Total que yo no sé qué dije ni cómo lo dije, pero no solo mi comité me exhortó enfáticamente a que publique sino que al final me postularon a la Mención Honorífica (la cual aún no se otorga, pues fuimos varios los brillantes postulados de la generación). Es que la neta amé (amo) mi tesis. Antes de entrar a la maestría me dijeron –otros jóvenes ya maestros por importantes instituciones– que acabaría mi vida social, mi salud (física y mental), que sufriría. Y, bueno, no diré que todo fue gozoso, lo que sí es que pese a los estreses (y el punto óseo al que éstos me condujeron, la contractura muscular y el vértigo) desarrollé un amor genuino por aquello que investigué, por la orientación profesoril, por la amistad tejida en el trayecto. Y amé y amo cada capítulo de la tesis: es mi bebé (clichezaso, lo sé). Será que durante la maestría tomé otras importantes decisiones, será que me permití ser yo, será que el tema y yo nos mantuvimos en estado constante de seducción… Al final, parí al llegar a las 160 páginas. En mi examen estuvieron mi madre y mi novia por primera vez en situación suegril-nueril (¿o mi novia es su yerna? Aquí nadie pretende ser hombre, aclaro) y eso añadió ansiedad a un evento de por sí ansioso, pero diré que ambas se portaron muy bien (no que pensara que alguna fuera a ser grosera) y ya hasta son amigas de feisbuk. La reconfiguración personal ha impactado (sin duda) en todos a quienes quiero y me quieren. No debe ser sencillo renunciar al proyecto heteropatriarcal.

En la universidad donde ahora imparto clases (de Métodos de investigación documental, de Antropología e historia regional, y de Comunicación oral y escrita) hay cierta resistencia a lo teórico: lus muchachus (en “u” porque defiendo a la última vocal como incluyente y asexuada) quieren construir cosas, dibujar, cortar y pegar, trazar. Entonces redactar ensayos, o argumentar si quiera, les parece innecesario. Les explico que pueden tener grandes ideas para aportar al mundo pero si éstas no las pueden comunicar de manera coherente equivalen a que no existan, que construir o diseñar no pueden ser solo caprichos, que es importante sustentar aquello que creamos (de crear, no creer… aunque tal vez también). Nunca había dado clases. Todus mis hermanus, mi padre y en algunos momentos mi madre han entregado su vida a la docencia. También mi novia. Y para mí esto es una novedad. Allá, en ese plantel (en esa nueva ciudad urbana, suburbana y enteramente rural), el clima es extremoso y el paisaje increíble. E historias hay todas: grandiosas y terribles, fresas y precarias, más estas últimas. En términos laborales siento que todo fluye, obviamente la parte administrativa-institucional la cuestiono (si no es que al sistema entero de la educación pública en México y esa idea absurda que le quieren vender a los estudiantes de que el Estado les está haciendo un favor al construirles universidades), pero lo que concierne al aula lo estoy disfrutando mucho, seré honesta. Performar cada día es bonito (performar en el sentido de que hay demasiada consciencia detrás de cada palabra dicha, cada atuendo portado, cada interacción, cada movimiento corporal). Es muy chistoso que en el autobús algún estudiante me diga “¿acabas de entrar?”, y al responder “sí, a dar clases” la formalidad se les active y rectifiquen “¡ah, es usted maestra!”. Cuerpos y lenguaje disciplinados: háblale de ‘usted’ a tus maestros, es lo correcto.

Ser adulta no es sencillo (azote aparte: no has triunfado, capitalismo. Sigo teniendo espíritu). Quisiera más oportunidad para el ocio, la fiesta y los excesos (amor incluido), definitivamente. Más dinero para los viajes, más tatuajes, más tiempo para perder el tiempo. But this is just the beginning y honestamente sospecho que el tiempo va más rápido estos días, que los minutos vuelan, que no es que no sepa administrarme sino que el mundo ya no gira a las 24 horas sino mucho más veloz. Por eso la ausencia de letras acá y acullá. El tiempo para construirme y reconstruirme ha requerido de cada segundo posible en los últimos dos años. Y el resultado, la verdad, me está gustando. Hoy termino de calificar a los 200 alumnos en su primer parcial y a la noche salgo con la novia y los amigos (esos que sobrevivieron a la maestría quedándose en Tijuana) al concierto de Los Ángeles Azules. Salgo a vivir otra de las ciudades que existen dentro de la misma ciudad. Could it be more perfect?

domingo, 4 de mayo de 2014

Deconstrucción del género

Una cosa tan sencilla e inocente, como jugar a las barbies, puede tener significados tan profundos. Que nadie se asuste ni se preocupe ni conjeture: jugar a las barbies no me hizo lesbiana; tampoco me hizo deseosa de reproducir modelos de “belleza”. Belleza plástica. Pero a mis 5 años me deconstruyeron el género y el cuerpo, los usos del cuerpo. Y agradezco. Era yo una nena de preescolar cuando mi hermana, de unos 8 años, decidió compartirme algo que recién había aprendido: la reproducción humana. Ahora me pregunto cómo es que ella sabía de eso a esa edad, porque no creo que se lo hayan enseñado en la primaria ni que se lo haya explicado mi madre. Nos sentamos en la alfombra de la sala, creo, y me dijo que me explicaría de dónde vienen los bebés. De manera didáctica (supongo que la vocación pedagógica le venía desde la infancia, ahora es maestra) decidió representar a las partes involucradas en esto de la reproducción humana con dos barbies, solo porque no había muñeco ken (hasta la aclaración me hizo: “esto se hace entre un hombre y una mujer, pero como no tenemos ken pues…”). Las barbies se amaron desnudas frente a mis ojos. Sin morbo ni distracción. Y yo estuve atenta. Entendí desde entonces, ahora lo pienso, sin moralina ni sanción social que del amor pueden construirse nuevas vidas, bebés por ejemplo. Entendí que es posible construir futuro cuando hay amor, así sea entre dos muñecas.

lunes, 28 de abril de 2014

cuerpo punk rock

fotos: ella / yo

Lx Jotx Nostrx


La idea nació en el open house de unas amigas. Al calor de la fiesta, el twerkeo y las bebidas, nos empezamos a preguntar sobre Tijuana y lugares “de la diversidá”, sobre el artivismo, sobre lo lesbiano en el espacio (este espacio, esta esquina). Entonces alguien dijo “¿si se hace un party con ese tema va gente?”, y otra respondió “uuuuy, mija, con tanta closetera… seguro salen”. Y empezó la onda. El nombre fue tomado de otra lesbiana a quien le decían La Jota Nostra, pero para plantearlo punk rock pues se desfeminizó la frase añadiéndole equis. Y, como la cosa va seria, esto ha evolucionado a organizar un party político artivista con temática gender-trans-decolonial, con dj’s, vj’s, performances y mucha cerveza, artesanal porque somos de gustos finos.

El tiempo para hacer esto es el correcto y el incorrecto. El correcto porque todo lo que se ha hecho acá sobre “la comunidad” [LGBTTTI] ha sido dentro del discurso de los derechos humanos, ha sido también bastante carnavalesco, y ha sido con voces masculinas como aquellas que enuncian. Lo que se ha hecho acá ha marginado lo artístico, ha quitado de la discusión los aspectos teóricos-epistémicos, ha desarticulado “la lucha” de un proyecto político (decolonial, transfeminista), y ha folklorizado la diversidá con actividades de poco alcance. Es el tiempo correcto porque ante ese vacío enorme urge actuar-nombrar y hay ahorita quiénes pueden y quieren hacerlo; y personalmente me es correcto el tiempo porque he asumido la visibilidad de mi sexualidad de manera desenfadada, borrando esas fronteras acaso morales entre lo público y lo privado, con seriedad, por supuesto, y con la cautela de lo que ello puede provocar… no hay ingenuidad en lo visibilizado.

Pero Lx Jotx Nostrx me llega en el tiempo incorrecto por una sencilla cosa: es el fin de la maestría, ergo es tiempo de tesis twentyfourseven y de traumarme con qué voy a hacer al salir (por más que uno quiera, es difícil escapar a las exigencias del capitalismo y la vida “productiva” y blablablá). No puedo entregarme a la causa como quisiera, y –aunque mis uñas ya eran cortas– eso me hace elevar niveles de ansiedá.

Lo bueno es que esta fiesta política es la primera de varias, verán que sí.





martes, 22 de abril de 2014

"Identificar el mecanismo para frenar su eficacia", dice Bourdieu

Hemos aprendido a reír de lo diferente, a burlarnos de lo que no entendemos. Hemos normalizado las violencias y las discriminaciones al punto en que son imperceptibles. Tenemos una cantidad impresionante de productos, discursos y símbolos de carácter sexista y de naturaleza homofóbica que circulan en lo cotidiano, educándonos para reproducir tales modelos. Productos prescriptivos que nos dicen (discursiva, ideológica, moral y visualmente) qué es ser un hombre y qué es ser una mujer, cuáles son los cuerpos que tienen derechos, cómo deben usarse, quiénes son personas. Canciones, películas, teleseries, estaciones radiofónicas, chistes, anuncios publicitarios, textos literarios… producen, reproducen y legitiman las discriminaciones. Cerrado el modelo al binarismo sexual (hombre-mujer), con todas las pedagogías de lo femenino y lo masculino, con lo heterosexual presentado y defendido como lo normal, natural, sano, moral, bueno, deseable, bonito… todo lo que escapa a ello es patologizado, burlado, aislado y violentado bajo nociones como anormal, antinatural, enfermo, perverso, inmoral, malo, indeseable, feo. Ficciones todas. Es patologizado, burlado y violentado porque atenta al modelo, y se convierte además en cosa pública: todos podemos opinar y reír sobre ello. Podemos, incluso, legislar para regular esas vidas, esos cuerpos, esas prácticas. Lo gordo, lo moreno, lo lesbiano, lo joto, lo pobre, lo indígena, lo autista, lo tatuado, lo enano, lo sidoso, lo mujeril (claro)… es sistemáticamente agredido, y las agresiones son social-institucionalmente normalizadas. Contamos con eficaces aparatos de adoctrinamiento (mass-media, iglesia, clínica) que nos enseñan a diferenciar, discriminar, agredir; que normalizan y normativizan las violencias. Son tan eficaces que circulan en la vida cotidiana sin que reparemos en ellas, lo que nos hace partícipes de la reproducción de un sistema misógino, patriarcal, heteronormativo, homofóbico, racista, feminicida. Lo que sigue, identificado el mecanismo, es frenarlo.

viernes, 14 de marzo de 2014

Nosotras

Despierto con un beso. Ella corre todas las mañanas pero siempre tiene tiempo para darme un beso, o dos, o tres, o más. Me desea “bonito día” y sale a prisa mientras sigo acostada. Aunque esta mañana me ha pedido le prepare un sándwich para llevar. Es que los viernes son sus días largos. Mientras ella se baña yo le preparo un lonche con pan integral de muchos granos, jamón de pavo, alfalfa, espinacas, queso blanco, mayonesa y mostaza. También lavo una manzana verde y la coloco junto al sándwich que ya he empacado en una bolsita ziploc y dejado sobre el comedor. Regreso a la cama y ella sigue corriendo. Desnuda. Transita veloz de la habitación al baño a la cocina al estudio. Se viste medio cuerpo (la parte de abajo), desenreda el cable del secador de cabello, pone café, empaca su laptop y algunos documentos, se encrema, viste la otra mitad, dice mi nombre, me recuerda que me ama, pone una canción, se peina, canta, baila, corre, se perfuma, prepara café en un termo enorme que le ha de durar apenas la primera hora de su jornada, y me deja en la cafetera para beberme justo una taza cuando por fin decida levantarme. ¿Hoy vas a la escuela? No. Hoy no voy. Hoy me quedo a trabajar en casa porque en este espacio, pese a los ruidos del yonke de enfrente, logro concentrarme más que en el Colegio. Pinta sus labios de un rojo tan rojo que el último beso antes de partir me lo da en el aire.

Todo huele a nosotras. Salgo de la cama como a las 9 de la mañana y me doy cuenta que he dormido casi diez horas, si no cuento esos 15 minutos en que preparé un amoroso lonche. Diez horas descansando. Bueno, he de reconocer que la última hora estuve repasando horizontalmente la coherencia del capítulo contextual que estoy redactando para mi tesis. ¿Tendré que poner cómo se conforma la ciudad en términos artísticos-históricos o me voy directo a los antecedentes del fenómeno que investigo? Prendo la compu y veo que tengo mensajes suyos. Me pregunta si ya desayuné.

Recorro la casa, nuestra casa. Las flores de la sala siguen vivarachas. ¡Cómo alegran las flores naturales, caray! Decidimos tener la casa siempre con racimos frescos. El que veo ahora ella lo escogió porque ése es el acuerdo: una semana ella, otra semana yo. Pongo mi iPod en su bocina. Lo prendo. Lhasa canta solo para mí. Sirvo café. Observo en la cocina las huellas de su prisa: la leche fuera del refri, la azucarera abierta, gotitas de café en la barra…  Voy a llamarle antes de ponerme a escribir. Voy a decirle que la extraño. Hace calor pero la casa es fresca. No me quiero bañar, no quiero quitarme su olor. Besa tan rico.

Seguro viene a verme al mediodía. Y no es que tenga tiempo ni que su trabajo esté cerca. Ella viaja. Piensa en mí y viaja. La puerta principal se abre y ella entra con el viento. Y me observa. Y me acaricia. Y yo la siento.

Me gusta el sol de la mañana. Calienta rico la cocina. Me lo bebo junto con el café milagroso que ella prepara. Después de la contemplación creo que es hora de estirar la cama. Hay viento. Tal vez de ahí salga a caminar. Antes voy a registrarnos en el congreso. La cosa es online así que no debe demorar mucho. Vamos a ir a San Cristóbal de las Casas. Chiapas. La otra frontera. Nuestro primer viaje juntas.

Ella me cuida. Hace un par de semanas enfermé terriblemente de la garganta, símbolo de la expresión (la expresión contenida) y ella me curó. Inyecciones, tés, amor, masajes, baños muy calientes, besitos, cabello trenzado. Terminé de sanar un martes. Cuando hablé con mi madre y mi hermana de cuánto la amo. No bastaba con los tatuajes y la cabeza rapada y el estilo de vida. Sigo siendo la más rara de la familia porque he decidido amarla sin ocultamientos. Pero la meta no es ostentar títulos de “anormalidad”. En absoluto, aunque confieso que me causa gracia. La cosa es la honestidad. Ser ligera.

Me apuraré con las tareas. Esta noche vamos a salir, nos lo merecemos. Ayer cumplimos meses de declarado amor. De reconfigurarnos. Y la sociedad tiene que saberlo. Creemos que lo íntimo es político. Porque lo es. Ambas tuvimos relaciones tormentosas y closeteras y -en diferente medida- violentas. ¿Por qué le cuesta tanto a alguna gente ser honesta? ¿Por qué la cobardía? ¿Por qué el temor a ser feliz? ¿a abandonar? ¿a liberar? Ambas hemos vivido la censura, por supuesto, el acoso y la discriminación. A ambas nos han confinado (hace algún tiempo) al terreno de lo privado. A ambas nos han pedido normalizar los silencios. Porque “hablar de lo privado es vulgar”, porque “no hay necesidad de hacer un statement”, porque “qué sentido tiene enterar al mundo de nuestras prácticas y del amor”...

Desde que estamos juntas nuestra piel está de fiesta. Nuestros cuerpos son abrazados. Besados. Amados. Nuestros cuerpos ya no son tristes. Ni flácidos. Ni opacos. Son fuertes. Vibran. Brillan.

Creo que cocinaré atún por la tarde. No es que nos afanen los rituales religiosos, con eso de los días santos. Es que no hemos ido de compras y ya casi arrasamos con el mandado. El miércoles me quedaron muy bien las entomatadas y el arroz (hice arroz por vez primera), pero lo que ella más disfrutó fue la ensalada de nopales. Nos gusta comer verde. Nos cuidamos mutuamente.

La tesista de posgrado y la maestra universitaria. Nos auscultamos los barros. Nos sacamos las cejas. Nos depilamos el bigote. Nos peinamos las axilas. Nos cocinamos. Nos bañamos. Nos vestimos. Nos reímos. Nos hacemos manicure. Nos tomamos fotos. Argumentamos. Hacemos conjuros y decretos. Planeamos. Cantamos. Bailamos. Y cada mañana, cuando despertamos, nos recordamos lo bonito que es esto. Y la que despierta primero besa a la otra. No es que sea un acuerdo. Es que es inevitable.