lunes, 4 de noviembre de 2013

Discusiones en torno al cuerpo

[a veces escribo en mi cuerpo y a veces escribo acerca del cuerpo]

El cuerpo: una fuente inagotable de placer.

Gozar como estrategia de resistencia, como venganza, como autonomía, como autogobierno. Gozar: la mejor de las luchas.

Gozar es un saber y saber es un poder.

Y hay muchas formas de gozar el cuerpo, hay muchos saberes en él. Ergo: el cuerpo es poder.

El cuerpo que es tiempo y espacio, que es experiencia, lenguaje, narrativa, posibilidad, relato. Contexto, situación, condición y territorio.

Una de las razones por las que nos regulan el cuerpo [usos y estéticas] es para evitar gozarlo, I'm sure ⌐⌐

El cuerpo es nuestro territorio, nuestra posibilidá o limitación. Ante ello opino que hay que usarlo.

El cuerpo no es un regalo de Dios ni del Estado: el cuerpo es experiencia, es proceso, es discurso, es práctica, es apropiación, es sentido.

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Andaba cuestionando en una plataforma de esas que usamos para existir virtualmente (Facebook no, por supuesto) la sexualización e hipersexualización de los cuerpos tatuados, la manera en que parece que hay que entender a los cuerpos con tatuajes gracias a las representaciones de conceptos como Suicide Girls u otros que incluyen musculosos modelos: todos delgados y bellos, sensuales y exóticos por sus tinturas. Cuando un pastor [porque así es su username] parecía apoyarme en mi soliloquio aclaré que tatuarse no es dañar el cuerpo, que mi discusión no iba para nada rumbo a la satanización de la modificación corporal. Entonces tuvimos un intercambio tan idiota como divertido, que voy a dejar acá por puro amusement (dejo tal cual el texto, con sus tildes omitidas y torpes puntuaciones).


YO: Debo aclarar: tatuarse NO es dañar el cuerpo.

PASTOR: Si lo es. El tatuaje destroza literalmente la piel.

YO: ésa es una forma de verlo, moralista sin duda, pero es a la vez una ficción: tatuar es pintar, modificar, embellecer, decir.

PASTOR: Mi "forma de verlo" o la tuya no sirven; la unica manera que importa es la de Dios. Habla con El y con Amor te hara libre.

YO: "No cuestiones, hay una sola verdad y si la niegas estás perdido". Sí, conozco el discurso religioso.

PASTOR: Al contrario, investiga. El fanatismo religioso no quiere que lo contradigan, y piensa que lo sabe todo. Habla con Dios.

YO: ¿Qué dice dios de los tatuados, poliamorosos, bisexuales, decoloniales...? Mejor "hablemos" con Bourdieu y Foucault, digo!

PASTOR: El dice: "Te Amo profundamente". No temas, habla con El y entonces cambiaras el fanatismo por Sabiduria y seras feliz.

YO: ¿pero por qué habría usté de pensar que no soy feliz? Es muy extraña su invitación, arrogante porque parte de una 'verdad'.

PASTOR: No temas, todos necesitamos a Jesús, El es la fuente de la Felicidad, Paz y Amor, sin El es imposible vivir. El te Ama.

YO: Es muy cómico el enfoque de los 'misioneros': creen en el temor (se hace o no por temor) y son arrogantes (hay una verdad).

PASTOR: Asi es, los religiosos o "misioneros" lo hacen, por eso es vital Conocer personalmente a Jesús, Su Amor nos hace libres. Cortarte no solucionara nada. Habla con Jesús lo solucionara todo. Su Amor te hara libre.

YO: darle al cuerpo "usos" placenteros, estéticos, antihegemónicos... no es enfermedad. Pero entiendo que la iglesia patologiza.

PASTOR: No temas por la iglesia, religiosos, fanaticos o ateos...enfocate en Jesús. Habla con El y Su Amor sanara tu vida y tu cuerpo.

YO: pero ¿por qué asumir que hay temor? ¿que no hay amor? ¿que hay enfermedad? Postura religiosa, congruente pues, ni modo.

PASTOR: Por tus palabras. Me gustaria mucho que pudieramos conversar sin fanatismo, odio ni prejuicio. Con inteligencia y Amor. Te Amo.

YO: bueno, ésa es otra trampa del discurso religioso: no hay argumento, hay dogma. Ergo no hay conversación, hay adoctrinamiento.

PASTOR: Has tomado tu decision. Recuerda siempre que Jesús te Ama. Buen dia Melina. =)

YO: No asuma carencia espiritual en la libertad a-religiosa, ni infelicidad ni enfermedad. Hay más de un camino para todo. ☼

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Funny, right? Scary also. Haré una cruzada por la liberación de los cuerpos... y de las mentes y de las colas. ¡Tatuajes para todos!... o no pues, tampoco pienso convertir a nadie al tatuajismo. Oh, modificación corporal, agradezco la gracia de tu misericordiosa liberación, agradezco la materialización de mis trastornos.

en el mientras tanto


Una vez escuché en un documental [bastante malito, por cierto] que tenemos miedo al poder que acompaña el presente y por eso andamos atormentándonos por el futuro o anclados en el pasado. Soporté pocos minutos del mentado documental (cuya temática trataba de las ficciones producidas por el discurso religioso como forma de dominación y control y todas esas cosas que ya sabemos) pero la frase la anoté porque en ese momento me hizo mucho sentido. ¿Quién soy? ¿Ahora… quién soy?

Se puede inventariar el yo, tal vez, con el recuento de las cosas comprobables. Soy, por ejemplo, estudiante de una maestría en cultural studies. Soy tesista de un proyecto con temática urbana. Soy mujer pues me identifico con la asignación social de género que designa binariamente (es decir: genitalmente) si somos personas de derechos, en tanto tengamos una genitalia no patologizada. Soy novia, estatus también verificable en diversos modos/modalidades. Y luego viene todo lo que todos [casi todos] compartimos: soy hija, soy hermana, soy tía, soy prima, soy sobrina, soy nieta, soy amiga, soy mexicana (whatever that means), soy fronteriza (no solo por la geopolítica), soy corporal (porque hay quienes no lo son, entiendo), soy morena (en algunas culturas más que en otras)…

Pero todas esas cosas que soy ahora, justo ahora, parece que van necesariamente ligadas a un futuro y que devienen de un pasado imposible de trascender. Entonces lo que tengo no es un presente poderoso sino un montón de preguntas que -cosa curiosa- no son ni siquiera mías. Lo que somos ahora parece causar preocupación porque no vale si no se conjuga con esos otros dos tiempos en que no vivimos: pasado y futuro. ¿Qué haré cuando termine la maestría? ¿Voy a tener hijos? ¿Voy a casarme? ¿Me mudaré de casa, de ciudad, de país? ¿De qué voy a vivir? Encima de todo son preguntas prescriptivas del cuerpo y la mente, son capitalistas y son clasistas (debo producir, reproducir y consumir).

La respuesta a todo eso es simple: no lo sé y no me angustia. Este presente es el que gozo mas no porque sea quien soy justo ahora: creo que siempre he gozado mis presentes y quien he sido en ellos. Solo una vez creí en odiar tanto el presente que vi como posibilidad eliminarme de él, pero en seguida pensé que dejar de existir no podía ser mejor que existir como se me diera la gana y es lo que he hecho desde entonces: me emancipé, emocionalmente. Ello, sin embargo, no ha eliminado el drama ni el azote, no ha eliminado sufrir. Lo que sí ha ocurrido es que se abrió un nuevo camino: burlarme de mí.

Esta semana es [fue] una de esas semanas locas donde todo se pone más messed up, donde hay cantidad de carcajadas del universo. Tal vez es simbólico (bueno: tengo tiempo en que pienso que todo todito es simbólico) que esta semana extraña [por placentera y terrorífica] fuera la que cruzó por las brujas y las catrinas. Porque hubo sentimientos que volvieron como en resurrección, porque hubo magia y misticismo, y dolor y mucha ¡mucha! tristeza, y placer y ligereza, y azote e ilusión, y posibilidad y cierre. Fue una semana esquizofrénica. Y la confusión continúa, sin antipsicótico que alivie.


Como buscando catarsis me maquillé de Catrina. Con al menos tres inquietudes en la mente y en el corazón y en el cuerpo (resulta que me da por acuerpar las experiencias), hice el ritual de travestirme de viva a muerta. Fui a un barucho con mi vato a escuchar un par de grupos. La pasamos bien. Estuvimos [no por táctica sino por lo opuesto] detrás de un gigante que nos bloqueaba la vista hacia los músicos, y cuya fucking altura y corpulencia sirvió de poca cosa cuando unos atascados aventaron cerveza. Una calaca me coqueteó esa noche e imagino lo lindas que nos hubiéramos visto besándonos. Muy natural anduve acatrinada (y bebida y humeante) por la madrugada en busca de unos tacos en la Zona Norte. Caminé por el Callejón de la Coahuila (“Cagüila” pa’ los compas) admirando borrosamente el set de sexoservidoras que enmarcan el trayecto. En los tacos, los comensales (o sea: borrachos como yo, como todos a esa hora) me abrieron paso hacia los taqueros, creo que es la primera vez que me atienden tan bien, tan pronta y eficientemente. Catrina has arrived, witches! Deme uno de birria, sin cebolla por favor que pretendo besar. Frente a la catedral nos tomamos fotos: oscuras, desenfocadas, barridas, friolentas para mi short. Y nos fuimos en taxi de ruta, junto a otros resurrectos o insurrectos o nada. Concluí que catarsis es una palabra pretenciosa.

Tengo que hacer cosas -claro- que tienen que ver con el futuro: una tesis, por ejemplo. También he de decidir qué hacer con esas voces que quieren revivir emociones que creí sepultadas. He de descifrar dónde poner los sentimientos bellos que se están manifestando. He de proteger la estabilidad que creo tengo en uno de los tantos aspectos que conforman mi presente. Pero en lo que estoy -ya siendo realistas- es en eso: el presente. Y hasta en el caos encuentro gozo porque es hoy. No sé qué chingados hacer, es la cosa, y aun así hago. Es ahora cuando vivo. No tengo estrategias que me protejan del dolor, no sé si alguien tiene ni si funcionan. Pero no quiero no hacer, no aventurarme, no quiero paralizarme ni renunciar por temor [al dolor, al fracaso, a sufrir, a llorar…]. Mejor me burlo y ya, de mí. Y reconozco [con algo de humildad, aunque al parecer los humildes no deben hablar de la humildad] que estoy frente a posibilidades todas, impredecibles pero construidas, y que somos todos quienes decidimos, que a nadie nos ocurren las cosas así nada más.

No entiendo porqué esas ansias de legitimidad del yo presente en los yoes pasados, como si tuviéramos que demostrar congruencia histórica. No comprendo esa prisa de tener todo planeado, como si planear significara ocurrir: prefiero imaginar, suponer, sospechar, conjeturar, imaginar, imaginar, imaginar, desear… y mientras tanto vivir. En ese mientras tanto está todo. ¿Cómo es que no lo vemos?