sábado, 7 de diciembre de 2013

Después de los demonios

Camino hacia la parada del taxi. Sola. Voy a tomarlo con dirección a los súper mercados porque hoy, mi primera noche conmigo, tengo antojo de espagueti rojo con ensalada verde. Son las 7 de la tarde-noche y está oscuro, aunque durante el invierno en esta parte del planeta oscurece desde las 5. Abrigada, embufandada, con guantes y gorro. Camino sola. Estamos a 13 centígrados. No es ni siquiera la noche más fría. Entro al primer súper mercado y pronto renuncio al recorrido: casi no hay productos extranjeros y necesito mi Ragú. Continúo la búsqueda y me hallo (sí: a mí, porque tal vez he estado buscándome desde hace algún tiempo) gozando el olor de las frutas en esa otra tienda luminosa y deshabitada. El aroma a melón se impone. Olfateo dulzores. Soy sola. Comparo el precio de los champiñones frescos frente a los enlatados. Hoy no puedo darme lujos, estoy aprendiendo a conocerme, estoy –con cautela– administrándome. Con una mano empujo el carrito, con la otra hago la sumatoria de lo que he de gastar. Quiero espagueti esta noche, pero tal vez por la mañana quiera cereal. El que tiene nueces este mes me resulta excesivo. Quizá en enero lo compre. ¿Hay suficiente pasta dental? Salgo con mis bolsas del mandado rumbo al taxi. Estoy conmigo. Avanzo cuadras y cuadras porque tengo un calzado cómodo y porque, así como a mí, aprendo a conocer la zona donde vivo. Regreso a casa, a mi nueva casa, y un maullido me recibe. Clementina ni siquiera es mi mascota, pero esa gata regordeta se ha enamorado de mi canasto de ropa sucia y ahora creo que se ha enamorado de mí.

Me fui. Me perdí en un lugar que no identifico. Me maltraté. Me abandoné tanto que quedé irreconocible. Para los demás era acaso lo que debía ser: una mujer que se borraba lentamente. Me fui. De mí. Me fui tanto que también me fui de todos: amigos, familia… todos. Intoxicada. Evadida. Borrada y borrosa. Me perdieron la huella porque estaba justamente dejando huella ninguna de mí. Nada. Estática. Quieta. Doliente. Sola. Muy sola. Y en un lugar muy oscuro. Adelgazada, disminuida, débil. Herida. Detenida en el tiempo pero acumulando dolores.

Soy un cliché. He sido muchos en muchas etapas, pero el cliché que soy ahora me gusta más que todos. Esta primera noche conmigo, en mi nueva vida, canto en una casa sola y mía mientras cocino. Una casa que empiezo a llenar de mí. Un espacio que no se lo debo a nadie. Hoy celebro mi autonomía y canto clichés. Ésta es una soledad indolora. No sabía que existiera tal cosa. Cocinar es, por lo pronto, abrir algunas latas, hervir algunas pastas, lavar algunas lechugas. Sirvo mi plato, mi primer plato de mi primera noche. Hoy celebro que me reencuentro, que me quiero bonitamente. Celebro también que gozo en sobriedad. Sonrío, bailo un poco. En un paneo por mi nueva sala veo las flores que ella me regaló: muchas flores color fiusha para el cumpleaños; una rosa roja para el amor.


Hice demasiadas cosas en poco tiempo. Quizá porque debía compensar los años inamovible. Los años negándome. Sirvo mi plato. Lo fotografío. Sirvo mi agua. La bebo. Hablo un poco con Clementina. Esta noche los compañeros de la Maestría en Estudios de Población me invitaron a bailar. Tienen su fiesta prenavideña. Otros amigos van al centro y me lo anuncian. Y son tentadoras invitaciones: los de Población bailan muy bien. Pero esta noche es para mí. Conmigo quiero estar. Texteo textraños a quien me ama-amo. Ella, que anoche me trajo cobijas porque este mes no podré comprarme las necesarias para el invierno. Ceno sola y soy feliz. Celebro [motivos sobran] que atendí una convocatoria para ofrecer una ponencia en un congreso de ciencias sociales. No sé si me seleccionarán. No sé si lo que envié es lo suficientemente bueno o si se ajusta a los criterios evaluadores. Pero celebro que lo hice, que creo en mí. Que ya no tengo miedo: ni de amar, ni de ser, ni de decir. Los champiñones gratinados quedaron deliciosos, un poco de ajo no les hubiera caído mal. Debo hacer una lista: comprar mantequilla, ajo del cremoso y molido, azúcar morena, sal vegetal, vino tinto, más queso, nueces.

Ya adquirí lo esencial: una almohada (para descansar, soñar, reflexionar, viajar, amar-me, imaginar-me). Mis amigas y yo fuimos hace dos días al centro de la ciudad a comprar medias gruesas y garigoleadas [porque queremos seguir siendo sexys durante los fríos], fuimos a comprar mi almohada nueva para mi vida nueva, y de paso compramos aguacates de carreta y papas fritas no corporativizadas, caseras pues, de la banqueta. Anduvimos cruzando calles con las manos llenas de bolsas, despreocupadas y sonrientes. Esa noche no bebimos. Ya me castigué demasiado. Sigo fuerte.

Termino mi cena, mi primer date conmigo. Me he seducido lo suficiente como para llevarme a la cama. Al fondo escucho unas melodías suaves, pausadas, con tecladitos solemnes y voces femeninas. Músicas islandesas. Mi habitación tiene luces de colores y almohadas felpudas. Amo el colorido. Pondré más cuadros. Debo terminar de sacar todo de las cajas. Sola. Vaciarme en mi nuevo hogar. Ya lo hago, poco a poco me vierto en él aunque todavía le falta escucharme gritar. En mi nueva casa de mi nueva vida no he llorado, no he tenido miedo, no he huido. Mi piel es tersa y esta noche no tiene frío. Huelo a mí, no a viejo ni guardado. Huelo a mí: a posibilidad y vida. Quiero usar la palabra ‘fulgor’ en alguna parte. Hacer y ser lo que no se ha hecho ni sido implica un nuevo lenguaje. ¡Tantas palabras por incorporar! Huelo a futuro y movimiento. Estoy sanando. Declaro el exorcismo un éxito.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Discusiones en torno al cuerpo

[a veces escribo en mi cuerpo y a veces escribo acerca del cuerpo]

El cuerpo: una fuente inagotable de placer.

Gozar como estrategia de resistencia, como venganza, como autonomía, como autogobierno. Gozar: la mejor de las luchas.

Gozar es un saber y saber es un poder.

Y hay muchas formas de gozar el cuerpo, hay muchos saberes en él. Ergo: el cuerpo es poder.

El cuerpo que es tiempo y espacio, que es experiencia, lenguaje, narrativa, posibilidad, relato. Contexto, situación, condición y territorio.

Una de las razones por las que nos regulan el cuerpo [usos y estéticas] es para evitar gozarlo, I'm sure ⌐⌐

El cuerpo es nuestro territorio, nuestra posibilidá o limitación. Ante ello opino que hay que usarlo.

El cuerpo no es un regalo de Dios ni del Estado: el cuerpo es experiencia, es proceso, es discurso, es práctica, es apropiación, es sentido.

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Andaba cuestionando en una plataforma de esas que usamos para existir virtualmente (Facebook no, por supuesto) la sexualización e hipersexualización de los cuerpos tatuados, la manera en que parece que hay que entender a los cuerpos con tatuajes gracias a las representaciones de conceptos como Suicide Girls u otros que incluyen musculosos modelos: todos delgados y bellos, sensuales y exóticos por sus tinturas. Cuando un pastor [porque así es su username] parecía apoyarme en mi soliloquio aclaré que tatuarse no es dañar el cuerpo, que mi discusión no iba para nada rumbo a la satanización de la modificación corporal. Entonces tuvimos un intercambio tan idiota como divertido, que voy a dejar acá por puro amusement (dejo tal cual el texto, con sus tildes omitidas y torpes puntuaciones).


YO: Debo aclarar: tatuarse NO es dañar el cuerpo.

PASTOR: Si lo es. El tatuaje destroza literalmente la piel.

YO: ésa es una forma de verlo, moralista sin duda, pero es a la vez una ficción: tatuar es pintar, modificar, embellecer, decir.

PASTOR: Mi "forma de verlo" o la tuya no sirven; la unica manera que importa es la de Dios. Habla con El y con Amor te hara libre.

YO: "No cuestiones, hay una sola verdad y si la niegas estás perdido". Sí, conozco el discurso religioso.

PASTOR: Al contrario, investiga. El fanatismo religioso no quiere que lo contradigan, y piensa que lo sabe todo. Habla con Dios.

YO: ¿Qué dice dios de los tatuados, poliamorosos, bisexuales, decoloniales...? Mejor "hablemos" con Bourdieu y Foucault, digo!

PASTOR: El dice: "Te Amo profundamente". No temas, habla con El y entonces cambiaras el fanatismo por Sabiduria y seras feliz.

YO: ¿pero por qué habría usté de pensar que no soy feliz? Es muy extraña su invitación, arrogante porque parte de una 'verdad'.

PASTOR: No temas, todos necesitamos a Jesús, El es la fuente de la Felicidad, Paz y Amor, sin El es imposible vivir. El te Ama.

YO: Es muy cómico el enfoque de los 'misioneros': creen en el temor (se hace o no por temor) y son arrogantes (hay una verdad).

PASTOR: Asi es, los religiosos o "misioneros" lo hacen, por eso es vital Conocer personalmente a Jesús, Su Amor nos hace libres. Cortarte no solucionara nada. Habla con Jesús lo solucionara todo. Su Amor te hara libre.

YO: darle al cuerpo "usos" placenteros, estéticos, antihegemónicos... no es enfermedad. Pero entiendo que la iglesia patologiza.

PASTOR: No temas por la iglesia, religiosos, fanaticos o ateos...enfocate en Jesús. Habla con El y Su Amor sanara tu vida y tu cuerpo.

YO: pero ¿por qué asumir que hay temor? ¿que no hay amor? ¿que hay enfermedad? Postura religiosa, congruente pues, ni modo.

PASTOR: Por tus palabras. Me gustaria mucho que pudieramos conversar sin fanatismo, odio ni prejuicio. Con inteligencia y Amor. Te Amo.

YO: bueno, ésa es otra trampa del discurso religioso: no hay argumento, hay dogma. Ergo no hay conversación, hay adoctrinamiento.

PASTOR: Has tomado tu decision. Recuerda siempre que Jesús te Ama. Buen dia Melina. =)

YO: No asuma carencia espiritual en la libertad a-religiosa, ni infelicidad ni enfermedad. Hay más de un camino para todo. ☼

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Funny, right? Scary also. Haré una cruzada por la liberación de los cuerpos... y de las mentes y de las colas. ¡Tatuajes para todos!... o no pues, tampoco pienso convertir a nadie al tatuajismo. Oh, modificación corporal, agradezco la gracia de tu misericordiosa liberación, agradezco la materialización de mis trastornos.

en el mientras tanto


Una vez escuché en un documental [bastante malito, por cierto] que tenemos miedo al poder que acompaña el presente y por eso andamos atormentándonos por el futuro o anclados en el pasado. Soporté pocos minutos del mentado documental (cuya temática trataba de las ficciones producidas por el discurso religioso como forma de dominación y control y todas esas cosas que ya sabemos) pero la frase la anoté porque en ese momento me hizo mucho sentido. ¿Quién soy? ¿Ahora… quién soy?

Se puede inventariar el yo, tal vez, con el recuento de las cosas comprobables. Soy, por ejemplo, estudiante de una maestría en cultural studies. Soy tesista de un proyecto con temática urbana. Soy mujer pues me identifico con la asignación social de género que designa binariamente (es decir: genitalmente) si somos personas de derechos, en tanto tengamos una genitalia no patologizada. Soy novia, estatus también verificable en diversos modos/modalidades. Y luego viene todo lo que todos [casi todos] compartimos: soy hija, soy hermana, soy tía, soy prima, soy sobrina, soy nieta, soy amiga, soy mexicana (whatever that means), soy fronteriza (no solo por la geopolítica), soy corporal (porque hay quienes no lo son, entiendo), soy morena (en algunas culturas más que en otras)…

Pero todas esas cosas que soy ahora, justo ahora, parece que van necesariamente ligadas a un futuro y que devienen de un pasado imposible de trascender. Entonces lo que tengo no es un presente poderoso sino un montón de preguntas que -cosa curiosa- no son ni siquiera mías. Lo que somos ahora parece causar preocupación porque no vale si no se conjuga con esos otros dos tiempos en que no vivimos: pasado y futuro. ¿Qué haré cuando termine la maestría? ¿Voy a tener hijos? ¿Voy a casarme? ¿Me mudaré de casa, de ciudad, de país? ¿De qué voy a vivir? Encima de todo son preguntas prescriptivas del cuerpo y la mente, son capitalistas y son clasistas (debo producir, reproducir y consumir).

La respuesta a todo eso es simple: no lo sé y no me angustia. Este presente es el que gozo mas no porque sea quien soy justo ahora: creo que siempre he gozado mis presentes y quien he sido en ellos. Solo una vez creí en odiar tanto el presente que vi como posibilidad eliminarme de él, pero en seguida pensé que dejar de existir no podía ser mejor que existir como se me diera la gana y es lo que he hecho desde entonces: me emancipé, emocionalmente. Ello, sin embargo, no ha eliminado el drama ni el azote, no ha eliminado sufrir. Lo que sí ha ocurrido es que se abrió un nuevo camino: burlarme de mí.

Esta semana es [fue] una de esas semanas locas donde todo se pone más messed up, donde hay cantidad de carcajadas del universo. Tal vez es simbólico (bueno: tengo tiempo en que pienso que todo todito es simbólico) que esta semana extraña [por placentera y terrorífica] fuera la que cruzó por las brujas y las catrinas. Porque hubo sentimientos que volvieron como en resurrección, porque hubo magia y misticismo, y dolor y mucha ¡mucha! tristeza, y placer y ligereza, y azote e ilusión, y posibilidad y cierre. Fue una semana esquizofrénica. Y la confusión continúa, sin antipsicótico que alivie.


Como buscando catarsis me maquillé de Catrina. Con al menos tres inquietudes en la mente y en el corazón y en el cuerpo (resulta que me da por acuerpar las experiencias), hice el ritual de travestirme de viva a muerta. Fui a un barucho con mi vato a escuchar un par de grupos. La pasamos bien. Estuvimos [no por táctica sino por lo opuesto] detrás de un gigante que nos bloqueaba la vista hacia los músicos, y cuya fucking altura y corpulencia sirvió de poca cosa cuando unos atascados aventaron cerveza. Una calaca me coqueteó esa noche e imagino lo lindas que nos hubiéramos visto besándonos. Muy natural anduve acatrinada (y bebida y humeante) por la madrugada en busca de unos tacos en la Zona Norte. Caminé por el Callejón de la Coahuila (“Cagüila” pa’ los compas) admirando borrosamente el set de sexoservidoras que enmarcan el trayecto. En los tacos, los comensales (o sea: borrachos como yo, como todos a esa hora) me abrieron paso hacia los taqueros, creo que es la primera vez que me atienden tan bien, tan pronta y eficientemente. Catrina has arrived, witches! Deme uno de birria, sin cebolla por favor que pretendo besar. Frente a la catedral nos tomamos fotos: oscuras, desenfocadas, barridas, friolentas para mi short. Y nos fuimos en taxi de ruta, junto a otros resurrectos o insurrectos o nada. Concluí que catarsis es una palabra pretenciosa.

Tengo que hacer cosas -claro- que tienen que ver con el futuro: una tesis, por ejemplo. También he de decidir qué hacer con esas voces que quieren revivir emociones que creí sepultadas. He de descifrar dónde poner los sentimientos bellos que se están manifestando. He de proteger la estabilidad que creo tengo en uno de los tantos aspectos que conforman mi presente. Pero en lo que estoy -ya siendo realistas- es en eso: el presente. Y hasta en el caos encuentro gozo porque es hoy. No sé qué chingados hacer, es la cosa, y aun así hago. Es ahora cuando vivo. No tengo estrategias que me protejan del dolor, no sé si alguien tiene ni si funcionan. Pero no quiero no hacer, no aventurarme, no quiero paralizarme ni renunciar por temor [al dolor, al fracaso, a sufrir, a llorar…]. Mejor me burlo y ya, de mí. Y reconozco [con algo de humildad, aunque al parecer los humildes no deben hablar de la humildad] que estoy frente a posibilidades todas, impredecibles pero construidas, y que somos todos quienes decidimos, que a nadie nos ocurren las cosas así nada más.

No entiendo porqué esas ansias de legitimidad del yo presente en los yoes pasados, como si tuviéramos que demostrar congruencia histórica. No comprendo esa prisa de tener todo planeado, como si planear significara ocurrir: prefiero imaginar, suponer, sospechar, conjeturar, imaginar, imaginar, imaginar, desear… y mientras tanto vivir. En ese mientras tanto está todo. ¿Cómo es que no lo vemos?

sábado, 12 de octubre de 2013

La ausencia y la moda

Acabo de responder un mail donde le dije a un profesor de la universidad que no participaré en una mesa a la que me invita que tratará de la “persona y personaje” que fue un escritor de Tijuana recientemente fallecido. No quise ser diplomática y responder un “gracias, pero no puedo”, ni mentir y justificar que declino porque tengo otra cosa que hacer ese día. Quise explicarme. Y seguramente era innecesario.

Cuando mueren personas famosas ocurre eso: hablar de quien murió, quererle públicamente, comprar sus libros o sus discos o lo que sea que haya producido, decir lo importante que era y lo cercanos que estuvimos a ella o él. Hay capital social y simbólico aun en los muertos, ni modo.

El escritor fallecido era un montón de otras cosas visibles y nombrables. “Líder generacional” me puso en el mail el profesor de la universidad. No sé si tanto así, no me siento en tales capacidades analíticas. Lo que sé es que lo que sea que era, lo era antes de morir. Y sé también que la muerte produce modas. Desde que murió ha habido cantidad de textos acerca de él: unos canonizan y otros carroñizan. También han impreso su foto en estampitas, han diseñado camisetas, han dedicado actividades académicas y culturosas a su memoria, y hay intenciones de ponerle un altar en un colegio para el día de muertos. Mientras esto ocurre yo juzgo a todos. Quizá no debería, quizá soy injusta, quizá podría hacer el esfuerzo por comprender que son muchas las formas de lidiar con la ausencia y que ninguna es más válida que la otra, que –aunque parezca– no todo es mercantilización y espectacularización, que son rituales, que tienen un sentido.

Era mi amigo. Y lo quise mucho. Y lo quiero mucho. Y lo extraño. Sospecho que ahí radica mi repulsión a todo lo que ha acompañado su muerte. Bueno, le llamaré mejor ‘intolerancia’. Tengo casi un mes triste y enojada. Su partida ha develado actitudes insospechadas en personas conocidas. Muchos quieren tomar parte de ello, participar no de su vida sino de su muerte. Eso me pone mal. Me molesta. Pero al parecer es una cosa normal: las personas famosas le pertenecen a todos y todos pueden [podemos] hablar de ellas.

Esta ausencia ha develado también a los verdaderos amigos. Me cae mal decirlo porque es insinuar [afirmar, creo] que hay amigos más legítimos. Y por supuesto ahí es donde me quiero ubicar. Entre los que sí lo conocimos sin hacer crítica literaria ni psicoanálisis ni crónica ni obituario. Mera vanidad, supongo.

Me han dado el pésame como si fuera una viuda. Su muerte me ha traído una extraña visibilidad. Quizá deba reír de ello, pues solía decirle que no había explotado yo adecuadamente su fama, que debía salpicarme un poco de sus reflectores y sus fans y sus grupies. Bromeaba con él de su estatus ‘famoso’; me burlaba porque era mi amigo, solamente. Así se sentía. Así se siente.

Fui invitada a esa reconstrucción colectiva del recuerdo. Imagino que será en una mesa ante un público y con micrófonos colocados frente a otros recordadores, otros viudos y viudas. Dije no y agradecí, y me sentí falsa en la última parte. Tal vez no debería juzgar tanto, tal vez debería liberar el enojo y la tristeza y reírme de lo absurdo que es todo ahora. Tan catrina y tan calaverita de azúcar y tan pinche amarrada al mundo. Debería entender que hablar de los demás es en realidad hablar de nosotros.

jueves, 19 de septiembre de 2013

domingo, 25 de agosto de 2013

Places that aren't ours. Places that fits us.

Este verano me quedé una semana en la casa de mis padres, en Ensenada. Fui con la intención de “estar”, solo eso: estar. Al final no sé si lo hice bien. La casa de mis padres es hermosa, es amplia, con grandes ventanales que dejan entrar la luz natural, con cuadros de colores vibrantes, paredes claras y oscuras, flores en jarrones, patios con andadores de adoquín, cerco de madera, tierra, plantas, perros y un gato. Fui colmada de la energía del desierto y de los mares apacibles del interior de la península: llegué de sur a norte, con más temores que expectativas. Mi madre ha estado agotada.

Casi no visité el Centro, tal vez un par de ocasiones y no fui sola. Pero eso bastó para sentirme ajena a ese espacio, a Ensenada. Hace 14 años no vivo allí y pensar esa distancia temporal me hizo reafirmar una distancia emocional. Amo la casa de mis padres pero fuera de ello creo que Ensenada me incomoda. No sabría si es una cosa social, no me atrevería a hablar de “la gente” para desentrañar de ello qué es lo que me incomoda. Supongo que es [como todo en esta vida] algo íntimo, algo muy mío: los valores asociados a ese lugar. Es decir ¿por qué gusta o disgusta algo? ¿qué encontramos en ello? A nosotros, tal vez… o parte de nosotros o piezas de nosotros o ilusiones para ser otro nosotros.

Ahí quedaron fracciones de mi adolescencia, que fue espectacularmente típica y ordinaria para una chica mestiza y clasemediera [whatever that means] que veía too much MTV: todo en exceso [los amores y los desamores, las amistades, los consumos, los riesgos, los azotes, hasta la estética de cabellos rosas y tatuajes de papelito… forever teenager, I guess, si ser teenager es sentir y hacer desbordadamente y sin prospectiva]. Muchas cosas sobreviven en quien soy, sin duda, pero Ensenada es a la vez un cementerio, y lo es metafórica y fácticamente: amistades y ex parejas que son ahora difuntos. Live hard, die young; hay casos. Sin embargo no hallé fantasmas, más bien hallé nada. Cuando me fui me fui completa, recién se lo escribí a una amiga: me fui toda. Tan toda que ahora es casi como viajar a otro país. Desconozco incluso su lenguaje y me pongo un poco loca. Es un espacio que me hace sentir insegura.

Tijuana, por otro lado, es mi casa. No sé cómo pasó. Me gusta lo que acá soy, lo que he construido y deconstruido y destruido y reconstruido e inventado, sobre todo inventado… Me gusta, me gusto. Sin loas ni otras ridiculeces. No es que me parezca mejor o peor que otros espacios, no es un lugar que me haga vanagloriar ni a la gente ni al gobierno ni a la arquitectura ni a las políticas públicas. No compondré trovas de multiculturalismos ni de liminalidad ni de intersticios ni de hibridación ni de fronteras porosas o blandas o duras o flexibles o imaginarias o terribles. Nada de eso. Tijuana es un lugar que simplemente encuentro mío. Por ahora, claro, tampoco me anclo: igual abandono esta supuesta vida urbana y me transformo en una hippie nómada peluda que deambula las costas, no tengo problema con ello. Pero ahora me va, Tijuana fits me.

Tal vez lo que romantizamos de un lugar es a nosotros mismos, la versión de nosotros que creemos ser en determinado espacio. Seguro es importante dónde construimos nuestras experiencias, aunque finalmente uno se lleva a uno mismo [con todas esas experiencias y saberes] a donde quiera que uno vaya. Oh, el relativismo espacial. De cualquier forma hay cosas que hacen clic y se sienten bien y por supuesto no podría yo hablar de la psicotopografía. Solo diré que mi amigo boliviano que ahora vive acá dice que extraña los cerros.

jueves, 4 de julio de 2013

mi sonrisa urbana


La naturaleza de este blog es la ciudad, es Tijuana (digo, mis andanzas tienen -como todo en esta vida- dos dimensiones: tiempo y espacio). Y ahora no solo la ciudad está en este blog sino que este blog está en la ciudad. Es una intervención mutua. Esto coincide con el lanzamiento de mi nada convencional campaña política-apartidista, pero esta vez me voy a evitar proselitismos por aquello de las sensibilidades electorales.

Hace unos días empecé a chatear con blvr, a quien podría presentar como ‘artista urbano’ (dadas las irrupciones al espacio público que hace desde la clandestinidad, el anonimato y la ilegalidad –y la creatividad, claro– mediante stickers, cartel y stencil) aunque él discute con la noción de ‘street art’ y a lo que hace le llama simplemente vandalismo. Yo a blvr no lo conozco en persona, pero de a poco lo conozco por el chat y por el registro fotográfico que hace de sus intervenciones y que publica en su blog. Pues bien, hace un par de días me hizo un regalo: con uno de los autorretratos que subí acá hizo [previa edición] una serie de stickers que ha estado adhiriendo por la ciudad (en puentes, ventanas de taxis y camiones, postes...), les ha tomado fotos y las ha publicado en su blog (← clic para ver su trabajo, el cual encuentro muy-mucho-muy interesante).


Y es curioso porque la idea de intervenir el espacio público, apropiarse de las calles y los muros, simbolizar la ciudad, tomar por asalto sus espacios, significarlos y resignificarlos, reclamar nuestra presencia en ella… es una de mis fascinaciones urbanas. Y es curioso porque desde hace años me ha estado rondando la idea de hacer stickers que digan Esquina Tijuana (planeaba pegarlos en los baños de los bares). Y es curioso porque justo ahora le estoy dando cierta formalidad a mi fascinación urbana-interventiva: leo, escribo, pienso, imagino mucho sobre ello. Y es curioso porque no lo pedí. Y es curioso porque es un obsequio. Y es curioso porque tengo que ver con ello y no tengo que ver con ello.

Mi sonrisa está en Tijuana. La dejé en un lugar relativamente público (aunque con sus matices elitistas): este blog. Alguien la tomó y ahora la reparte por la ciudad para que otros la conozcan y se apropien de ella, otros que son todos y son igualmente anónimos, tan anónimos como quien hizo y pegó el sticker, como quien sonrió y autofotografió la sonrisa.

 
fotos: blvr

domingo, 30 de junio de 2013

[wallartismo]

 
 
 
 
[fotos: yo]

¿que qué es eso de candidatearme?


Lo de candidatearme a gobernadora de Baja California no es porque desee el poder (concepto inherente a las contiendas electorales-político-partidistas); sino para que imaginemos que existen más opciones de las que nos dicen.

Hay quienes me han dicho que mi imagen de campaña no sirve porque no luce seria enough ni se me ve el rostro con claridad, pero la idea es justo ésa: I could be anyone, everyone... Obviamente mi campaña no es convencional.

La idea no es que yo sea un rostro, un nombre, un género, un cuerpo (menos un partido); la idea es que imaginemos que hay alternativas. Que imaginemos y que lo sepamos porque es cierto: hay alternativas.

Además existe un recurso electoral del cual no nos informan y es éste: en todas las boletas de votación aparece la leyenda Si desea votar por algún candidato no registrado escriba en este recuadro el nombre completo. Usémoslo.

[Finalmente: ¿saben qué es el proyecto decolonial? Por ahí va mi adherencia ideológica, si fuere necesario aclararlo. Deconstruir para construir, that would be my slogan]

lunes, 24 de junio de 2013

vote for me


Acá en Baja California nos va a cargar la chingada: va a haber elecciones para gobernador, alcaldes y diputados el 7 de julio. Para ello se hicieron dos alianzas [o coaliciones, ya ni sé] donde con el PAN (la ultraderecha) se unió el PRD (supuesta izquierda), y con el PRI (otra ultraderecha disfrazada de centro) se unió el PT (otra supuesta izquierda). Entonces la cosa es que no hay opciones. Estos comicios son un gran chiste (aunque nada tienen de gracioso). Para gobernador: o Castro Trenti (PRI-PT) o Kiko Vega (PAN-PRD); dos patanes, dos inutilazos. En un sondeo entre conocidos muchos planean anular su voto o de plano ni siquiera ir a votar. Así que se me ocurrió algo: en vez de anular voy a votar por mí, y no solo eso: me estoy candidateando y ando haciendo campaña. Mis propuestas son:

  • Despenalizar el aborto
  • Impulsar matrimonio gay
  • Legalizar las drogas
  • Repartir condones (¡condones para todos!)
  • Repartir jeringas nuevas para quienes viven en la canalización del Río Tijuana
  • Revisar licitación de constructoras Geo-Urbi
  • Detener el proyecto del arroyo Alamar
  • Homologar salarios para hombres y mujeres

[solo por mencionar algunas]

Entonces los invito a que voten por mí: en su boleta escriban mi nombre este 7 de julio. No represento a partido político alguno.

sábado, 8 de junio de 2013

La ciudad: un cuerpo público

El arte urbano me interesa en tanto a experiencia de ciudad: transitar por las calles y encontrarme azarosamente con algún mural resignifica mi relación con el espacio urbano. En teorías del espacio se maneja que el cuerpo es la escala mínima de paisaje, de tal suerte que puedo decir que nuestros cuerpos forman parte de la ciudad y la ciudad forma parte de nuestros cuerpos. No es secreto que gusto del arte corporal de los tatuajes (desde hace años poseo varios) así que metaforizo: mi cuerpo tiene murales y la ciudad está tatuada. Cuando veo estas expresiones de street art me pregunto un montón de cosas: ¿quién lo hizo? ¿por qué? ¿cómo? ¿qué significa para quien lo hizo? ¿qué significa para quienes pasan a su lado? Me atrae, pues, el arte urbano en tanto a simbolización de un cuerpo que es de todos: la ciudad.