miércoles, 5 de octubre de 2011

una experiencia crónica

Llegué unos 10 minutos atrasada, con blusa cuello de tortuga y botines altos antiderrapantes (habían anunciado lluvias) pero con shorts, de los más cortitos que encontré en mi guardarropa. El artista se disponía a preparar el set donde habría de postrarme por tiempo indefinido y yo sólo aguardaba mi momento con la boca seca.

Ante la ansiedad de lo que estaba por venir comencé a titubear. Siempre me pasa lo mismo, siempre (fue igual con las diez veces anteriores). Llegaron esos cuestionamientos autocríticos en los que me repito ¿en qué me he convertido? mientras analizaba mis rasgos, los naturales y los adquiridos, en alguno de los enormes espejos del lugar. Como en déjà vu vi sus manos acomodar el patrón del dibujo en mi cuerpo. Manos firmes, pesadas, como las de un médico que ausculta. El esténcil en mi muslo dio la primera llamada.

Morra, cáele. El artista me ofreció un té, de esos relajantes, naturales, exclusivos, místicos, el mismo que él tomaba. Acepté sin dudarlo. Daban las 11:40 de la mañana. Traigo música, por si al rato quieres escuchar algo, anuncié y el artista –de párpados pesados– reaccionó: pues de una vez. Saqué dispositivo portátil, tan diminuto que causó simpatía, y pronto la música de Manu Chao empezó el ambiente. Acuéstate aquí. Me acosté, de ladito, en una posición que me encanta porque me delinea la figura, me hace sentir Iztaccíhuatl. El zumbido de la maquinita dio juntas la segunda y la tercera llamada. No había marcha atrás. Show time.

Cuerpo contraído esperando el dolor. Lila Downs. Trazos en la piel. Lhasa. Restregones para limpiar la sangre. Chak. Cambio de posición. Yann Tiersen. Sublimes surcos trenzando su cabello. Buena Vista Social Club. Verdor para sus ojos. Caifanes. Amarillentos girasoles. Amy Winehouse. Alas de mariposa ataviando sus orillas. Bebe. Dentadura magenta. Silvio Rodríguez. Azulados contornos. Lily Allen. Aretitos florales y rosados. Luis Pérez Meza. Coquetas chapitas naranja. Bersuit Vergarabat. Unas estrellitas para su tocado. Amparo Ochoa. Las cejas que se unen. Blind Melon. El tercer ojo que también es flor. Los Rodríguez. Pestañas esféricas. Tijuana No. Brillo en su mirada-peyote. Gnarls Barkley. Brillo en su cabello. Roxana Carabajal. Brillo en sus dientes. The Dave Brubeck Quartet. La barbilla garigoleada como venas expuestas. Jamiroqui…

A las 6 de la tarde –a la hora en que la lluvia caía contundente y los escolares corrían de charco en charco– acabamos. Bienvenida a mi cuerpo Catrina azucarada, como tinta indeleble, como sello crónico, como adorno vitalicio dulzón y sugerente, como perpetuo homenaje e imborrable vanidad. La decimoprimera marca, la primera con diseño de mi autoría, la primera en las piernas, la primera que me viajó ascendente: ritual metasensorial.