sábado, 16 de febrero de 2008

sitiado

Soldados en las calles, frente a tu casa, a la una de la mañana, en sábado (o más bien domingo), cuando llegas de relajarte, cuando quieres olvidar la semana laboral, una que culminas ganando la misma miseria. Eres asalariado, del salario mínimo, y no te dan bonos de puntualidad ni de asistencia. O tal vez eres estudiante, de la universidad pública, y estudias la carrera más impopular, porque eres hombre y no quieres ser ingeniero, ni administrador de empresas. Quieres resolver el mundo y por eso estudias pedagogía, y periodismo, y filosofía. En tu cabeza escuchas melodías cubanas, y brasileñas, y corridos revolucionarios mexicanos, pero te fastidian las camisetas con la cara de Zapata o El Che. Eres el único que carece de visa por ideología, y no te importa que nadie lo entienda. Y no puedes evitar la sensibilidad, sufres por la ignorancia, te duele la enajenación, y se te anuda la garganta cuando ves las injustas noticias manipuladas por las decenas de títeres que están a merced del sistema. Corruptos, vendidos, hipócritas, malditos, borregos, putas. ¿Qué vas a hacer si en todos lados te dicen que está bien la presencia de los soldados? A nadie le importa que sea anticonstitucional, habla bajito, ssssh, no digas nada, la gente no conoce sus derechos. Ya ves con la educación gratuita, privilegio de pudientes. Y no te casarás porque tu compromiso es con ella, y juntos lavan los trastes, calientan la comida, componen canciones, y se enjabonan la espalda. Y tú sólo quieres llegar a tu casa, ya te divertiste y eres indefenso, pero ahí están los soldados, vestidos de caqui, con cascos, armados, sin rostro, enanos y gigantes. Le dices a tu novia que guarde los cigarros en las bragas, luego sueltas la carcajada. No pasa nada. Te tragas el coraje, dejas que los intrusos acuartelen la ciudad y los cielos. Sitiada está tu cuadra, tu acera, tu vida. ¿Qué puedes hacer?



viernes, 1 de febrero de 2008

muelas en tiempos modernos

Ya no tengo juicio, bueno, no sé si alguna vez tuve, pero me refiero a las piezas dentales popularmente conocidas (no creo que sea el término científico) como muelas del juicio. Mi dentista me quitó el último par hoy al mediodía, y en realidad fue una experiencia menos traumática de la que me esperaba. Toda la semana estuve angustiada y excediéndome en alimentos por aquello de digerir sólo papillas, gelatinas y calditos por unos días, durante la recuperación, pero resulta que los tiempos han cambiado, así como la ciencia y la tecnología, y las recomendaciones son casi opuestas a las antes practicadas. Puedo comer lo que quiera (carne, tortillas, soda, tamales ahora con el Día de la Candelaria…), excepto picante y frituras grasientas. Puedo hablar, cantar, masticar como cualquier día, de hecho creo que debo hacerlo más seguido para evitar una contractura en la mandíbula y quedar trabada, algo así me dijeron. No debo enjuagarme y escupir porque se fuerza el músculo y retraso la cicatrización, tampoco debo ingerir bebidas con popote ya que también se ejerce un esfuerzo que puede lastimar el área en recuperación.

En fin que estoy feliz, con una cara más esférica que de costumbre pero feliz. Cuando le platiqué a mi madre le llamó la atención que pudiera hablar sin dificultad, y al contarle de las indicaciones del dentista me dijo “qué modeeerrrrno, vas a romper con la tradición”, con ese tono irónico que tanto me gusta (el mismo que me hacía rabiar de los 16 a los 19, creo, cuando no lo entendía).

Hay algunos inconvenientes, acaso en presupuesto, pero a estas cosas de la salud (dental o del resto del humano) hay que invertirle, es con lo único que no puedo regatear (ah! y con los tatuajes), al fin que uno elije ir con especialistas, sufrir por un rato -ya sea física o económicamente-, para después disfrutar de largos periodos de salud plena.

Me obsequiaron mis muelas en un estuche -es que andaban presionando al resto de la dentadura- y hoy las atesoro como si se tratara de un trofeo, qué importa que nadie más vea su belleza.

Para tomarme con calma y reposo esto de las extracciones adelanté unos reportajes para el trabajo, así me relajo el fin de semana. Sólo que quienes saben que me ausentaré de la oficina creen que iré al carnaval de Ensenada, lo que está lejos de suceder, aun si no tuviera un par de suturas en la boca. Lo que pasa es que le he perdido el gusto a ese tipo de aglomeraciones; las de los conciertos puedo disfrutarlas, y la de uno que otro barucho o festivalín al aire libre, pero la del carnaval me estresa. Quizá porque las coincidencias entre los asistentes son pocas, poquísimas, como cervecear o argüendear. En cambio, en un concierto al que uno elije ir se está entre hermanos, lo mismo en un barucho habitual o en alguna de esas expos artesanales o culturales. Como que se respira más amabilidad en el ambiente, se siente una atmósfera familiar. En el carnaval lo que se respira puede no ser agradable (dadas las urgencias de todo etílico o la mala ubicación de los baños) y lo que se siente a veces es una mano desconocida en las nalgas.

No niego que me la pasé muy bien hace unos años, bailando sobre algún escenario o bocina, reencontrándome con viejos amigos, compartiendo las cheves, y perdiendo mi raite a la casa (aunque se tratara de mi hermana). Ahora tal vez mi grado de valemadrismo ha disminuido, o mi nivel de finura aumentó (pausa para reír… ok, ya), porque prefiero los excesos menos públicos… para las vacaciones la península es muy larga y muy desolada.

¿Por qué mencioné vacaciones? Extraño el calor como extrañaría los analgésicos en estos momentos, supongo. Es vital para mí. Esto del calor y el frío parece un debate sobre el que todos tienen una firme postura. “Yo prefiero el calor”, “¿En serio? yo prefiero el frío”, y vienen los argumentos explicativos. Mi hombre dice “al menos el calor no duele”. Sabia reflexión. No es ironía, la comparto. Con los fríos me envuelvo tanto que pierdo toda noción de sensualidad… No me gusta traer tantas capas, ni pagar tanto de luz por el calentón, ni amanecer cansada por cargar las cobijas toda la noche. Aunque confieso que me agrada lucir mi amplia gama de bufandas.

¿Usté qué prefiere? Banal el tema pero seguro tiene opinión.