lunes, 19 de mayo de 2008

Llamadas perdidas

Ya le había pasado a tu suegra hace algunos años, aunque quién sabe si lo tuyo es así de importante. Era de madrugada cuando timbró el teléfono de la señora, contestó con esa angustia de las noticias que pueden traer las llamadas a esas horas y el susto mismo de ser despertada con tan intenso ring en medio del silencio, y después del ¿bueno? encontró la voz de una mujer. Nadie conocida. La voz entrecortada por algo que parecía llanto le dijo que acababan de asaltarla y no sabía dónde estaba, que marcó ese número porque fue el primero que se le ocurrió, así al azar, además no conocía Tijuana. Tu suegra le pidió describiera lo que veía para intentar ayudarla. Un mercado, una escuela, un barranco, casas, carros. Tranquila, vas a estar bien. ¿Tiene luz el mercado? Camina hacia él y pide a los empleados que llamen a la policía, ellos deben decirles dónde estás. ¿Sabes qué número marcaste? Quiero que lo anotes para que me llames cuando estés bien. Después: un gracias, el pitido intermitente de la línea al colgarla y el insomnio. Tras un par de días la mujer volvió a llamar por la tarde, para agradecer la ayuda de la desconocida que le contestó en la madrugada de su infortunio.

En cambio tú no hiciste nada, estás lejos de los actos heroicos. Imaginas mil cosas, como que el mensaje lo recibiste a destiempo, que se trata de una broma, que pudo ser un error. El domingo como a las 6 de la tarde te llega el perturbante buzón de voz al celular, andas en un cumpleaños por San Antonio de las Minas así que para empezar es una sorpresa tener señal. Escuchas el mensaje por puro ocio (casi siempre son cosas laborales e intrascendentes lo que ahí te dejan), y encuentras una voz poco entendible, lo único claro es que se trata de una mujer y que al finalizar los diez segundos que dura la grabación se escucha la indudable súplica sollozante de un ¡por favor!, como en susurro. Sientes que el tiempo se detiene. Lo re-escuchas tres veces y sólo averiguas un sonido como de televisión al fondo. En llamadas perdidas está el número desconocido con lada también desconocida. Datos de la procedencia: buzón depositado ese mismo día pero a las 5:44 am. Vuelves a oírlo. No se entiende nada, sólo el ¡por favor! Le pasas el celular a tu novia, luego a una amiga y ella a su esposo. A todos se les enchina la piel. No llaman al número desconocido. Ni logran descifrar nada más allá de lo evidente: una mujer, un llanto, un ¡por favor!

No te gusta paranoiquearte con esto de la inseguridad, pero a veces las historias son tan increíbles que superan toda intención de optimismo. A un tipo le cayó del cielo un papelillo de baño escrito con sangre, en él un secuestrado pedía ayuda. Por la vía rápida una señora fue rebasada por un par de autos cuyos pasajeros se disparaban de carro a carro. El olor a pólvora le indicó a unos morros que el aparente accidente automovilístico era en realidad una docena de acribillados. Y en una ocasión llegaste con tu novia a un Oxxo 24 Horas para comprar una soda como a la 1:30 am, y mientras buscaban monedas para pagar con el monto exacto, vieron cómo dos empleados alzaban las manos frente a unos cuatro sujetos. Mejor se fueron rápidamente.

Y bueno, mientras reflexionas frente al celular, escuchas sirenas por intervalos de media hora y los helicópteros muy cerca de tu techo. Esto no es todos los días, pero sí algunos.

¿Y la mujer? Sólo esperas que esté bien, la verdad es que no sabes de qué manera ayudarla, ni siquiera sabes si en realidad solicita ayuda. No hay a quién decirle. No imaginas si es real. ¿Y qué si en lugar de buzón de voz hubieras contestado esa llamada? ¿Y qué si tus peores sospechas fueran ciertas y tienes grabada la voz de una mujer en problemas? ¿Y qué si haces algo? ¿Debes llamarle? ¿Qué le vas a decir? ¿Y si tu llamada la condena? ¿Y si ya no tiene batería su celular? ¿Y si te contesta un tipo? ¿Y si sale buzón de voz? ¿Y si hablas con ella y te dice “ayúdame”? ¿Y si no le entiendes otra vez? ¿Y si escuchas algo peor? Un golpe, una detonación, gritos, llantos, súplicas. ¿Y si te dice “yo no he llamado”? ¿Y si te llama ella a ti? ¿Y si llama alguien más desde el mismo número? ¿Debes contestar?

En las noticias esta semana sólo han mencionado a una mujer asesinada, pero ya tenía más de 15 días muerta así que no es tu anónima. Revisas los diarios. Muerdes las uñas. Tienes migraña. Nada. Ya lo decidiste: has borrado el audio y bloqueado el número, y te dispones a hacer lo mismo con tu memoria. Lo más seguro es que haya sido un error. Aunque no podrás evitar la mirada morbosa a la sección policíaca durante los siguientes años y atormentarte cuando sean mujeres los cadáveres.