lunes, 2 de julio de 2018

Seis... doce años después: AMLO presidente


Hoy mi correo electrónico me recordó que hace seis años nos estábamos manifestando miles de personas en Tijuana contra el fraude electoral presidencial bajo el grito de “¡Fuera Peña!”. Me puse a ver la galería fotográfica y encontré a lo lejos a mi mejor amiga, con quien yo no fui a marchar pero que sí saludé brevemente en aquel entonces. En esa ocasión me “acatriné” y preparé un cartel lúgubre pidiendo la muerte del fraude, de la imposición, la represión, la mentira y la censura. Seis años antes de esa fecha, por ahí de finales del 2006, tramité mi credencial como representante del Gobierno Legítimo de México frente al gobierno ilegítimo de Felipe Calderón. No acampé para exigir el “voto por voto” como sí hicieron muchas personas conocidas; solo tramité una credencial en la que junto a mi nombre y fotografía figura el águila juarista y la firma y nombre de Andrés Manuel López Obrador sobre la palabra PRESIDENTE, y con ello me sentí partícipe de una colectividad quizá discreta y no necesariamente organizada pero que se distanciaba de lo que el sistema político-partidista había impuesto. Seis años antes, en el 2000, en mis primeras elecciones presidenciales con mayoría de edad, voté por Gilberto Rincón Gallardo del ahora inexistente Partido Social Demócrata, y lloré cuando los panistas se regodeaban por las calles de Ensenada (que es donde vivía) porque “por fin habría alternancia”, con un vergonzante Vicente Fox.


Ahora muchas cuestiones han cambiado, muchísimas, tanto en lo político como en mi vida que también es política (como nos lo enseñó el feminismo de Kate Millet: “lo personal es político”). Y confieso que muchas cuestiones ya con cierta consciencia de “mujer adulta” nunca creí ver materializadas: el derecho civil al matrimonio igualitario (una realidad en algunas entidades de México, no en todas), despenalización del aborto (igualmente en solo unas cuantas entidades), ver que EU tuviera un presidente afrodescendiente (que con una historia tan reciente de esclavitud y racismo no parecía posible) y ahora ver llegar a la presidencia de México a alguien que se dice de izquierdas (con todo lo que podamos cuestionar de tal categoría). Mi mejor amiga es ahora mi pareja, el Gobierno de México (en tanto Estado) será  –por primera vez en quizá toda la historia partidista del país– legítimo, y el sistema electoral parece no habernos fallado también por primera vez.

Diré las obviedades que se dice en estos casos: claro que debemos ser vigilantes y cautelosas/os del nuevo gobierno, claro que es irreal que un “proyecto de nación” distinto –por más que así se llame– transforme y sane todo el país, claro que es terriblemente paternalista esperar que justo sea el gobierno el que haga las transformaciones necesarias sin organización social autónoma, claro que nadie debe[mos] bajar los brazos y esperar que las cosas cambien solo porque el partido en el poder es otro. Pero antes de ponerme a analizar todo lo que se ha neoliberalizado el propio proyecto de AMLO a través del tiempo, hoy quiero celebrar este momento histórico en el cual volví a participar con un voto, y fue solo uno ya que anulé mis boletas para la senaduría y diputación. Solo taché un recuadro y me alegra ver que fuimos muchas personas quienes lo hicimos y a quienes por fin se nos respetó el sufragio y la esperanza. Cursi como suena.