domingo, 19 de febrero de 2012

reencuentro

Vi a mi highschool sweetheart (el novio eterno con el que duré toda la prepa) el día de su boda. Me invitó y asistí, pese a que nuestro noviazgo no había culminado en los mejores términos. Fui sola, con un hermoso vestido de satén color durazno, largo, principesco, con pedrería plateada bajo el busto, delgados tirantes y media espalda desnuda, un tanto parecido al vestido que usé en nuestro baile de graduación. Hacía calor. Llegué a la recepción, que fue en un patio amplio de losetas rojas, y lo vi a lo lejos, feliz, radiante, ayudando a su mujer a no tropezarse con la enorme cola de su falda, que era blanca con negro. De verdad creo que nunca lo había visto tan feliz. Traté de buscar una oportunidad para saludarlo, charlar unos minutos y decirle que honestamente compartía su felicidad. Como se mantenía cerca de su esposa, no me parecía prudente importunar. Vi que se detuvo un momento a coordinarse con los músicos sobre el repertorio de la tarde, que ya era jazzístico, y ahí le hice señas para pedirle caminara a mi encuentro. Se acercó, feliz de verme y feliz de estar feliz, lleno de proyectos. Le pedí nos sentáramos en algún punto para hablar y no encontró mejor ubicación que unas bancas en la orilla de ese gran patio, bajando un nivel como de un metro. Faltaban escalones en esa área así que colocó una silla, bajó y se ofreció a cargarme. Respondí: claro, al fin que tú sigues fuerte y yo no he engordado tanto desde la prepa. Rió e hizo referencia a que me veía muy guapa, encontrando como único limitante para bajar por mí misma los enormes tacones con base de plataforma que llevaba. Nos sentamos de frente, con una mesa de por medio, de esas de madera con las bancas conexas, mesas de exterior. Le felicité y no tardó en hablarme de cómo conoció a Marthita, su recién desposada. Estando de frente le noté más delgado, del rostro. Él me chuleó mi cabello largo y oscuro (cuando fuimos novios tuve mi cabello muy corto, teñido de tonos fantasía). Le dije que cuando me enteré que se casaba sentí una gran emoción, porque para él sólo espero lo mejor. Me dio la emoción que da cuando se casa alguien muy querido, una hermana o un hermano, le expliqué y pronto sus ojos se tornaron brillantes. Ojos aguados y sonrisa enorme. Sus dientes siempre fueron bonitos, ambos usamos aparatos de ortodoncia durante la prepa. Recuerdo que una vez besándonos nos quedamos atorados de los frenillos. Me gusta verte contento, continué y nos tomamos de las manos. Me sujetó muy fuerte, mientras sonreía con las lágrimas ya resbalando en las mejillas. Estábamos muy emocionados y en sus manos me sentí segura. Pero todavía había algo más por expresarle, me puse muy nerviosa, no quería romper con su júbilo. Debía decirle dos cosas que no estaba segura comprendiera: la primera era que yo lo quise mucho y que aún lo quiero; la segunda era que estaba muerto. Y no pude. No pude pronunciar ninguna: porque no creí que fuera el momento, porque él estaba tan feliz, porque no supe cómo decirle que nada de aquello era real, que murió en el 2008, que se ahogó a sus 29 años. No pude tampoco porque desperté, con las manos en mi pecho, dobladas hacia enfrente, todavía sintiéndome sujeta por las suyas. Creo que prefiere no saberlo.

5 comentarios:

reptilio dijo...

feliz de estar feliz

no me esperaba ese final

muy muy muy bueno

Anónimo dijo...

tu relato es digno de un corto-metraje, es una forma de brindar tributo a ese amor de juventud, no lo crees así.

DorisFM dijo...

Guau, el final es magnífico.

Ferragus dijo...

Gran relato; un real gusto pasar por estas letras. Gracias.

Anónimo dijo...

La realidad supera la ficción, suena trillado pero es muy precisa.