lunes 19 de diciembre de 2011

el universo es gentil, siempre lo he sabido

Confieso que de un tiempo para acá me he hecho ociosa -más de lo que ya era- para realizar tareas vinculadas a mi oficio. Por ejemplo: tramitar acreditaciones para ingresar a los conciertos. Aunado a mi flojera para estos asuntos está el hecho de que una chica que se dedica a ser justamente el vínculo entre los reporteros y las producciones de numerosos conciertos (la que acredita, pues) me odia. Y según me enteré -por ella misma- me odia desde hace más de dos años. Odio es una palabra fuerte. Corrijo: odio es un sentimiento fuerte, muy dañino sin duda. Ella no lo ha dicho así expresamente, mas me quedó claro su desprecio tras una serie de intercambios vía correo electrónico en los que me reclamó algo que dice le dije hace un par de años, según ella “cosas horribles”. Honestamente no recuerdo. De verdad no tengo idea de qué me habla y creo que al explicarle esto provoqué aún más su ira, pues se trata -evidentemente- de algún episodio que la marcó. Por supuesto no me disculpé (que supongo es lo que quería) porque -insisto- no sé de qué diablos me habla. Confieso [segunda confesión de este texto] que en ocasiones finjo demencia para salir de alguna situación incómoda. Éste no es el caso. Estoy clueless. Lo único en lo que puedo confiar es en mi buen juicio, por lo que concluyo que si la ofendí es porque segurito se lo ganó. There, I said it. Es que no suelo andar por el mundo agrediendo verbalmente a la gente. Total que tras una serie de misivas (en donde resalté su falta de profesionalismo, cosa que imagino elevó su grado de molestia) nuestra relación en definitiva quedó frágil, no diré rota porque confío en que el rencor se le diluya para la próxima vez que requiera de sus servicios. Ocasión que no ha llegado porque me he resistido a buscarla para ingresar a alguno de los espectáculos que coordina.

Entonces vi que Lila Downs estaría en Tijuana el 20 de noviembre y yo sufrí porque en esa fecha me encontraría en el DF. No obstante mi aparente mala fortuna, el universo fue gentil: el concierto fue reprogramado para el 17 de diciembre. De principio la noticia me causó alegría pues ya podría ir a verla, pero luego recordé que no estaba en condiciones de comprar boletos, ni tenía deseos de buscar a la chica esta que me odia para entrar como prensa y (otra cosita) la neta no me atraía demasiado la idea de ir a un concierto de Lila a trabajar. Soy fan y como tal sólo me interesaba profesarle mi amor desde el público, con los tequilas bien puestos (o los mezcales). Mi fanatismo y mi pobreza no hacen buena combinación, así que me mentalicé para buscar la acreditación de prensa e ir -en efecto- a trabajar: tomar nota de todo, sacarle fotos, redactar la crónica. Conforme se acercaba la fecha mi apatía -y mi ocio- adquirían mayor fuerza, hasta que mejor decidí que no iría. Mi lógica fue “ya he visto varios conciertos de ella y seguramente veré muchos más, perderme uno no significa demasiada tragedia. Además me rehúso a interactuar con la reconcorosa aquella cuyo reclamo sigo sin comprender”.

Navegabundenado por la red (como dice mi madre) encontré el aviso de una colega reportera de tv local en el que mencionaba regalaría cortesías para el concierto de Lila en el programa matutino. Me dispuse a contactarla para pedirle los detalles, madrugar, estar pendiente de la transmisión y llamar al canal cuando anunciaran la promoción. Y nuevamente el universo fue amable: mi compañera me respondió “sí, llama al canal cuando salga la promo pero de cualquier manera yo te guardo dos entradas”. No lo creí, es decir, creí en la bondad de la reportera (que en general es súper accesible y compartida) pero lo que no creí fue mi suerte. Pa’ pronto fuimos mi bato y yo por tan (¡TAN!) generoso obsequio: un par de boletos para estar en piso, a pocos metros de la fabulosa Lila.

Y llegó la fecha. No llevé cámara para evitar revisiones en la entrada al foro, pero lo que sí llevé fue el tequila, en una botellita mínima que equivale a unos tres caballitos. La botellita (frío pomo, just for me) de contrabando en mi seno derecho. El concierto empezó puntual, lo que para muchos quiere decir “temprano”. Entre ellos, nosotros… que llegamos apenas para escuchar una media hora de concierto. Fue un shock darnos cuenta que ya había transcurrido gran parte del show, pero no al grado de entristecernos: cualquier dosis de Lila es suficiente (sobre todo si se hace como yo y uno se empina el tequila a la primera oportunidad). Además el motivo de nuestra demora fue por demás hedonista, so: nada de qué arrepentirme. Entre lo que escuchamos aparecieron ‘Naila’ y ‘La Llorona’, en versiones siempre distintas, siempre mágicas y brujas. Eran las 9:30 de la noche cuando estábamos saliendo del lugar (bastante temprano ¿verdad?) y a la entrada vimos a tres incrédulos que [peor que nosotros] llegaron cuando el concierto había concluido. Pobres, de verdad sentí pena por ellos, que supongo -dada la hora y dada la mala costumbre mexicana de llegar a todos lados tarde- no fueron los únicos. Nuestra noche, por supuesto, continuó hasta que dejó de serlo y salió la luz del día. Un sábadomingo más.

4 opinones:

Sofía Haltrup dijo...

Qué rabia cuando pasa eso en los conciertos!!

reptilio dijo...

el ocio es lo que nos mantiene vivos :D

reptilio dijo...

ET aprovecho la entrada para desearte un feliz 2012

mucho exito en todo lo que te propongas, que en el nuevo año solo te pasen cosas buenas, sigue pintando todo el mundo ok, como tu piel

saludos y suerte

yobailopogo!

Esquina Tijuana dijo...

reptilio: muchas MUCHAS gracias, lo mejor para ti en este (ya de por sí polémico) 2012 que se avecina. saludos y salú!