lunes 24 de octubre de 2011

De charlas, entrevistas, puercos y otras cosas

Aún falta lo más importante: editar. Y aunque sé que me voy a llevar varias horas –tal vez días– me causa mucha emoción hacerlo: editar. Eso de creerme videasta/documentalista y andar por las calles entrevistando gente con una camarita –mínima y ajena– me resulta bastante placentero (una más de mis gracias que he de sumar al campechano currículo). Pues no, no soy videasta, y no, tampoco tengo equipo como para anunciarme como tal, pero qué le puedo hacer si la imagen en movimiento (motion picture) me seduce sobremanera. Así que desde hace unas semanas me he abocado a filmar ciudad y gente, y estoy feliz porque ya acabé el registro que tenía planeado. Calculo que esta semana empezaré y terminaré la edición de ese video (tan modesto como pretencioso) que ando haciendo, muy colorido él. “Más hace el que menos tiene”, dice mi sabia madre.

Parloteé por más de una hora en la facultad de Humanidades de la universidad autónoma, mi alma mater. Me invitó un excompañero de estudios que hoy es profe de ética periodística y me invitó para hablar con los universitarios ni más ni menos que de--- [suspenso] mi experiencia en el periodismo en Tijuana. Me invitó, me sentí halagada, acepté y enseguida me entró el arrepentimiento. No aprendo, de veras, soy de las que tropieza de nuevo y con las mismas piedras… o diferentes piedras pero parecidas. No son muchas mis apariciones públicas así formales pero siempre me entra un pánico escénico paralizador. Imagino no sólo que olvidaré lo que tengo planeado decir sino que olvidaré por completo las palabras, que quedaré muda o me pondré a pronunciar cualquier cantidad de sinsentidos, en un lenguaje críptico que ni yo hube escuchado jamás. ¿Entonces para qué acepto? La razón es simple: me gusta decir ‘sí’ a nuevas experiencias (se presta pa’l albur, lo sé). O sea: pienso que si a uno le invitan a hacer algo con cierta formalidad y la única razón para no hacerlo es la vergüenza o los nervios o el temor al ridículo pues hay que obligarse a silenciar esa vocecilla limitante (vocecilla o alarido) y aventarse, al fin que por algo le piden a uno usar un micrófono ¿no? (sería muy distinto si fuera yo quien se ofreciera a andar parloteando en público, digo, para ello tendría que ser honoris causa o símil). Total que preparé una autobiografía profesional/ideológica/personal de 4 cuartillas, que no leí pues la cita anunciaba “plática con MiNombre”, so… platiqué.

Me aventé un monólogo pienso que moderado (aunque seguro piensa distinto el morro que se durmió), con mera cronología de los sinsabores de trabajar para un periódico comercial bajo políticas fundadas en la mediocridad y el empobrecimiento del espíritu, con menosprecio por la cultura, menosprecio al lector, menosprecio por el oficio, voracidad, corrupción, servilismo y descarado maquillaje de la verdad. Señalé además que tales políticas no son privativas del lugar donde laboré sino que a todas luces se ve cómo las prácticas viciadas se repiten en cantidad de espacios [des]informativos. Y de ahí brinqué al asunto del freelanceo, poniendo en una balanza los claroscuros. Mas no todo fue lamento, hablé también de lo mucho que se puede lograr aun desde publicaciones comerciales [y ataduras de manos y lengua] y desde el plano independiente. Porque del oficio del periodismo, por más trancazos que en el camino reciba o esquive, no me desencanto. Distinguí, pues, al que es periodista del que no.

Y, bueno, después del mensaje unidireccional vino el diálogo y ésa fue la mejor parte. Varios universitarios participaron no sólo con preguntas sino con cometarios, compartiendo sus propias observaciones respecto a los medios de comunicación, tanto desde la visión del lector/escucha/telespectador/consumidor (que cualquiera podemos tener), como desde la preocupación de futuros comunicadores/comunicólogos/periodistas/reporteros. Y las preguntas fueron en todas direcciones: qué justificación dieron los jefes para cerrar la sección cultural que solía editar, a qué considero se debe el desdén a la cultura en los diarios, qué estrategias puede usar el freelance para acceder a la información [o a los personajes] si para las instituciones no existe un medio que te respalde, cómo se cotiza el freelance… Muchas preguntas a través de las cuales noté un genuino interés por hacer de este mundo –mediante el ejercicio periodístico– un mundo mejor. Y es que para eso debemos regresar a las universidades, para desencantar a los estudiantes no del oficio sino de las empresas e individuos (mafias, pues) que controlan aquello a lo que nos vamos a dedicar, para despertar los bríos aguerridos, para invitar a no alinearse, para dar esperanza dentro de la desesperanza, pero nunca para dar fantasías (con decir que hasta expliqué las formas burdas y desvergonzadas que tienen de ‘chayotear’ esos a los que nunca les importó la responsabilidad social de informar). Lo logre o no, al menos intento contribuir. Al final un par de alumnos se acercaron para seguir dialogando off the record.

Al día siguiente continué de radical involuntaria: accedí a ser entrevistada por una universitaria que anda haciendo un trabajo documental sobre feministas, así que me aventé todo un rollazo sobre la igualdad, la equidad de género, la misoginia, el machismo, las legislaciones moralistas sobre la criminalización del aborto, el daño de las políticas panistas de ultraderecha, la perpetuidad de la sumisión femenina y de la insensibilidad masculina que masifica Televisa, la cosificación del cuerpo de las mujeres, y cómo la ignorancia y la marginación afecta el desarrollo de todos los individuos por igual. N’ombre, todo un discurso de esos que una solamente pronuncia si la cuestionan, porque la neta suelo andar más conciliadora deambulando por la vida, hast’eso.

Para cerrar la [combativa] semana, la noche que continuó a la verborrea de tintes feministas recibí un mensaje de una amiga activista/feminista/zapatista/punkroquer/sexy/tatuada/profe (a la que también está documentando la chica universitaria) para acudir a un concierto underground en el que tocaría su grupo (literal la onda underground porque fue en un foro subterráneo, el bunker de costumbre) y así fue que culminamos los agitados días: escuchando propuestas independientes y viajadísimas entre demasiadas bebidas y moderados humos. Hasta un puerco la hizo de dj/percusionista, lo que me pareció excelente metáfora en el marco de haber recordado algunos otros puercos esa semana.

Aprendí dos rolitas noventeras en la guitarra acústica (Mother, mother de Tracy Bonham, y Promises de The Cranberries), que faltan pulir pero igual ya apantallo a los arrítmicos; y diseñé dos nuevas calaveritas de azúcar a propósito de la víspera del Día de Muertos. Cosas de estos días que me hacen pensar: qué bonito reafirmar la identidad (no que se olvide pero siempre conviene reafirmarla).

3 opinones:

reptilio dijo...

yo hace poquito me avente tus videos de TJ en el tubo :D ahi avisas cuando este listo este nuevo :D

Suerte!

Bustamante dijo...

Buenas tardes Melina.

Muchas gracias por tomarte el tiempo de pasar a mi blog, me dio gusto encontrar un comentario tuyo en el.
Con respecto al vídeo que realizas, tu madre es una persona que sabe lo que dice y claro esta que también lo que hace. Las ganas de crear, contar y por que no, hasta de confesar, se transmiten en tus letras, pienso "yo”. Y que mejor hacerlo también en un vídeo inverosímil que incluya gente y ciudad.
(Digo "yo" por decirlo de algún modo)

Que bueno que te llevaran a la uni y que accedieras a ir, creo profundamente que decir “No”a nuevas experiencias que te harán crecer como persona y las cuales implican que ayudes a otras, seria la mayor de las catástrofes que un hombre pueda cometer, al final las experiencias que contamos son a menudo las que no teníamos intenciones a hacer. Así que por que decir "NO" cuando el "SI" productivo suena y se siente mejor.

Como estudiantes de comunicación tenemos la idea de ser parte de algún medio que cumpla con el objetivo de tener un mundo mejor comunicado, y por que no, ser parte de una empresa que nos ofrezca tener sentido de pertenecía, que se respeten nuestras ideas y así lograr estar en un lugar que nos den libertad de expresión.
Eso muchas veces se respira dentro de las aulas, a veces con un aire a olor utópico casi quimérico pero que no obstante es tan real que casi se puede tocar.

Creo yo que el periodismo claro y objetivo es una responsabilidad enorme que causa tanto placer y encanto como tu bien lo dices y el freelance es una oportunidad para destacar, para vender nuestras ideas, para ser tan independientes como nosotros queramos y sin ninguna duda la dedicación y nuestro esfuerzo siendo freelance o no rendirá frutos.

Presiento que necesitamos más información sobre este tema.

Sobre el feminismo: yo creo que la mujer actual tiene una obsesión por ser igual que el hombre, y no se por que, si el hombre es un pobre diablo desorientado.

Y como el escritor Jose Antonio Marina dice "La globalización está provocando un obsesivo afán de identidad, que va a provocar muchos enfrentamientos.Nuestras cabezas se mundializan, pero nuestros corazones se localizan."

Estaré tomando algunas fotografías de altares Tijuanenses y que así mi identidad Mexicana se tatúe bien en mi corazón. Por eso te paso mi Flickr para que estés al pendiente que por cierto tengo unas fotografías allí de tu ciudad natal. http://www.flickr.com/photos/el_arte_del_cisne/

Esperando que tengas muy buena tarde,me despido con un cordial saludo.

Att: Alan Cisneros.

Gastón dijo...

Ese encapuchado de cerdo, ¿es nonself? saludos y buena vibra, esperamos vuestro material

:)